lunes, 6 de julio de 2026

EL ACÓLITO DE LOS SUEÑOS

  

En el año 2011 falleció mi madre después de una enfermedad tan cruel con la familia como es el Alzheimer. A poco de su partida, casi como una compensación o un milagro, viajé a Buenos Aires por un tema del trabajo. Ya de regreso, en una escala en el aeropuerto de Santiago, coincidí con Juan Paredes. Ambos nos habíamos visto y habíamos saludado eventualmente por coincidir en eventos musicales o de cierto corte político; pero la vida quiso que también compartiéramos asientos contiguos en el avión de regreso a Quito, y regresamos conversando desde Santiago como si fuéramos amigos de toda la vida.

Tal vez fue allí cuando plantamos la semilla de la amistad, aunque después no nos hayamos frecuentado mucho. Curiosamente, fue la traición cuántica, por llamarla de algún modo, la que terminó de unirnos. Yo no compartí con él las vivencias de la peña Nuestra América ni del Café Toledo. Lo conocía, como todo el mundo, como el vocalista chileno del conjunto Pueblo Nuevo. Sin embargo, en aquel viaje de avión se me reveló su personalidad fuerte y encantadora, su don de gentes y su amabilidad sin orillas.

Fue algunos años después, cuando la traición marcó el inicio de la debacle nacional, cuando comenzamos a reunirnos para cruzar ideas, y poco a poco pasamos de las reuniones ideológicas a las reuniones de amigos, a los festejos de cumpleaños en donde me atreví a cantar aquel vals argentino antiguo que yo conocí en la voz de Rubén Juárez y que él, nos contó, identificó con la voz de su padre y por eso se emocionó tanto cuando lo interpreté, “Bajo un cielo de estrellas”. Es curioso cómo puede bastar una canción para unir a dos personas. Y poco a poco, a punte de canto y guitarra, comenzamos a poner más música y menos charla en nuestras reuniones.

Desde hacía algún tiempo yo había querido cantar tango en escenario. Era uno de esos pendientes de la lista de cosas que desea hacer antes de morir. Un show de tango. Y entre reunión, conversación y algún que otro cumpleaños, se lo planteé. Ya otros se habían negado a acompañarme. Él no. Acogió el proyecto como cosa propia, y entonces vinieron las semanas y tal vez meses de reunirnos entre los ritmos más famosos del repertorio rioplatense para preparar el evento “Tango y poesía”. Y no fue solamente el tango ni la poesía lo que nos unió en aquel tiempo. Fue el café entre ensayo y ensayo, fueron las conversaciones y los recuerdos que se trenzaban entre las perritas Cleo y Jazmín, Eduardo Falú, las experiencias comunes de dos pasados repletos de música en común, los artistas que a mí me gustaban y él conocía personalmente, la pequeña Zoe que venía conmigo a los ensayos y se quedaba en brazos de la Emiliana hasta que su madre llegara de la universidad a darnos el encuentro.

El país se desmoronaba a nuestro alrededor. Ignoraba que poco tiempo después mi papá también se iría del mundo de un momento para el otro. El músculo apenas dormía y la ambición trabajaba a pasos agigantados. Pero pocas veces en la vida he sido tan feliz como cuando preparamos aquel espectáculo, y luego, cuando lo presentamos entre amigos que tal vez ya no lo son y otra gente querida, de esa cuyo cariño es imbatible y supera cualquier desencuentro o malentendido. Hay una foto que no sé quién tomó, en donde me veo mejor que en cualquier otra, y estoy con Juan, sonriente a mi lado, guapo y feliz por lo que habíamos logrado juntos en su ya legendario café…

A partir de aquel momento nos reunimos otras varias veces para cantar, ya sea en su café o en otros sitios. La destrucción de la patria avanzaba, y para colmo vino la pandemia y todo lo que aquello significó. Entre otras cosas, aquella crisis cardiaca en la que Juan tal vez estuvo a punto de irse, pero se quedó porque, como suele suceder, hay motivos para no irse. Entonces, según cuentan, le pronosticaron un año de vida.

Hoy, cinco años después, mi adorado amigo, mi entrañable guitarrista, mi músico favorito, mi acólito de mis proyectos locos nos ha dejado sin apenas despedirse. Habíamos hablado hace poco porque quería poner música a mis letras, pero no llegamos (o al menos no lo sé) a concretar nada. Y entonces el mundo se queda más vacío y de nuevo me siento huérfana y abandonada porque ya no podremos cantar juntos “Corazón maldito” u “Honrar la vida”, tal como lo hicimos cuando otro entrañable amigo se nos adelantó por el camino. Nuevamente regresan a mi mente las palabras de Alberto Cortez en una de sus canciones: “Que va a ser de nosotros, qué va a ser…”

Y sí: qué va a ser de mí, Juan querido, sin tu voz en el teléfono reprochándome no haberme quedado al after del aniversario de Pueblo Nuevo. Qué va a ser de mí sin tener motivo para regresar al Café de Juan o a la casa de la esquina que hacen la calle Salazar y la calle Tamayo para tomar café y ver cómo estabas. Qué va a ser de mí cuando quiera cantar algún otro tango y simplemente no te encuentre para el acolite guitarrero. Qué va a ser de mí cuando diga tu nombre y sepa que ya no pisas el planeta desvalido ante la arremetida fascista. Qué va a ser de mí sin tu sonrisa clara, sin tus ojos afectuosos, sin tu voz profunda de barítono bien cultivado. Qué va a ser de mí sin tu amistad y sin tu cariño, que eso era todo, amigo entrañable de la vida y de la música. Qué va a ser de mí cada once de agosto que ya no se pueda celebrar tu cumpleaños entre asados, risas, y las propuestas matrimoniales del Igor Jaramillo cada vez que cantaba y luego todos nos reíamos de su ocurrencia… Qué va a ser de mí ahora que te has muerto para siempre, Juan Paredes, qué va a ser de nosotros, qué va a ser…

viernes, 12 de junio de 2026

FELICES LOS ECUATORIANOS PARA QUIENES VIVIR ES BEBER

 Diez beneficios de la cerveza para la salud (que seguro desconocías) | IOCA  GROUP

Beati hispani quibus vivere bibere est, dicen que repetían los soldados romanos aludiendo a la falta de diferenciación entre la pronunciación de la B y la V de los habitantes de lo que hoy es España, y así se burlaban de los conquistados pueblos de la península ibérica: felices los españoles para quienes vivir es beber. Y sí. Más allá de las precisiones fonéticas y los tristes avatares de las adicciones, quizá beber, concretamente ingerir bebidas alcohólicas, ayude a vivir, o mejor dicho a soportar mejor la vida en determinados contextos. Sobre todo, en realidades como las que el Ecuador tiene que enfrentar en el día a día de una de las más agresivas dictaduras neoliberales que experimenta el planeta en este momento.
 
Pues ocurre que el mal llamado ‘Presidente’ de nuestro país ha decidido eliminar el Impuesto a los Consumos Especiales, entre otros, de la cerveza. Lo hace como un gesto de ‘refrescamiento’, de supuesta simpatía y empatía con el pueblo agobiado por el desempleo, la inseguridad, la falta de medicinas en los hospitales y un vasto etcétera, olvidando tal vez que el principal causante de la mayor parte de esas desgracias, por acción u omisión, es él mismo. 
 
En un país vivamente impresionado por dos feminicidios simultáneos, agobiado por un costo de la vida a un alza que no para, asustado por la delincuencia, preocupado por la crisis de la salud pública, y además interesado por seguir las incidencias del actual Campeonato Mundial de Fútbol, pues, según Daniel Noboa, causante directo, además, de todas esas emociones menos una, no le vendría mal una cervecita mientras ve los partidos del Mundial. ¿Para qué? Pues para olvidar. ¿Y olvidar qué? Olvidar el descuido, el olvido y los atracos de quien está a cargo del gobierno. 
 
Pero aún hay más: mientras todas estas cosas suceden y él mismo nos ‘ayuda’ con el precio de la cerveza, alza el vuelo en el ‘lujo socialista’ que ya va costando como chorrocientas carreras universitarias de otros tantos jóvenes, y alza el vuelo que lo llevará a disfrutar del mundial de fútbol en persona. Es decir, lo que sucede en estos momentos es una esperpéntica mezcla de cinismo e indolencia. 
 
¿No se han preguntado por qué se nos trata así? ¿En serio habrá gente que se alegre por lo de la cerveza sin preguntarse ni media palabra por todo lo demás? Prácticamente nos manda a beber porque así pretende vendarnos los ojos y taparnos la boca ante toda la andanada de desgracias que día tras día, diríamos hora tras hora e incluso minuto tras minuto acarrea su desastrosa administración. 
 
¿Y nosotros? 
 
Bien, gracias. 
 
Comentando por lo bajo. Sin mover un dedo para siquiera protestar o hacer sentir por lo menos que sí nos damos cuentas de las cosas. 
 
Triste cosa es el gobernante que trata a su pueblo como si fuera imbécil porque está muy consciente de que ninguna persona medianamente inteligente habría votado por él. 
 
Ya es hora de dejar de dar papaya, pueblo. 
 
¡Salud!

miércoles, 15 de abril de 2026

DE LA PERVERSA Y FALSA INEPTITUD

 

Durante los últimos nueve años la oposición crítica al régimen ha tendido a calificar a los tres últimos gobiernos del Ecuador como inútiles, ineptos o por lo menos incapaces de gobernar. Y ellos se han defendido, claro. Su mayor defensa ha sido echarle la culpa al anterior gobierno, no al inmediato anterior, sino al anterior-anterior-anterior… al de la Revolución Ciudadana y Rafael Correa, de todo lo que no han hecho o de lo que francamente han deshecho y destruido. Y, así como decía Baudelaire del Diablo, que su mejor trampa y mayor logro es engañar a la humanidad convenciéndola de que no existe, de igual forma estos tres gobiernos y su tibia defensa han convencido a una buena parte de la población de que son ineptos y no pueden hacer nada porque no son más que una sarta de inútiles elegidos por un pueblo que tal vez se les parece bastante. O cree parecérseles bastante, pero no en aquello que quisiera.

Pero no es así. No son inútiles. No son ineptos. Y si se hacen los tontos es porque esa imagen, la del tonto, tiende a provocar más lástima e impaciencia condescendiente que indignación combativa. Porque, en realidad, los gobiernos de Moreno, el traidor; Lasso, el banquero bonachón, y Noboa, el multiempresario sospechoso de narco, han hecho muy bien los deberes. Solo que los deberes no se los impuso el pueblo, sino, como diría Mario Benedetti, ‘otros más duros y siniestros’, como son las impresentables oligarquías locales y el Imperio yanqui-sionista que hoy por hoy está a un tris de provocar la desaparición de la especie humana junto con una serie de irreparables daños al planeta entero.

Ahora, si bien no son inútiles ni ineptos, tampoco es cierto que sean genios, ni siquiera del mal. Simplemente son asalariados corruptos de un sistema que opera a nivel nacional e internacional y que a punte prebendas y amenazas los cooptó para hacer el trabajo sucio. Están entrenados para seguir un libreto. Y a la vez todos tienen ropa tendida en el patio trasero del patio trasero: empresas offshore, dinero en cuentas de cuyo oscuro origen es mejor no hablar, escándalos sexuales, tratos con organizaciones, religiosas o no, pero siempre con un sesgo de pedofilia o afines, redes de contrabando, y hasta colaboraciones directas con mafias internacionales de narcotráfico y cosas peores.

Como buenos derechistas, acusan a la izquierda de todo lo malo y terrible que han hecho, están haciendo o piensan hacer. Su principal objetivo es impedir que se vuelva a restablecer en el país un gobierno de bienestar, pues eso aparentemente menoscaba sus privilegios, y los de sus aliados y jefes. Su método, el robo. Sí, el robo de bienes comunes, la trampa, la trafasía, la corrupción en todas sus formas. Su mejor herramienta, la mentira a cara lavada, cínica y artera.

Pero no siempre mienten. A veces son descarnadamente veraces, por ejemplo, cuando Daniel Noboa dijo que era ‘un pésimo enemigo para tener’. Pésimo enemigo de su propia vicepresidenta; enemigo de sus contrincantes políticos, como Jan Topic y sobre todo Aquiles Álvarez, con quien se ha ensañado de un modo cruel y psicopático, enemigo de Jorge Glas, a quien no tiene el menor empacho en torturar con sadismo, y sobre todo enemigo del pueblo que lo eligió y al que día con día le va despojando de lo más elemental. Dicen sus verdades como bromas, con talante cínico y desenfadado, como cuando Lenin Moreno afirmó que al comerse un arroz con huevo le ‘importa un bledo el país’, o que había adecuado un parque para que ‘los niños hagan el amor’. E incluso pueden emocionarse hasta las lágrimas con sus propias mentiras, como Guillermo Lasso.

La orden dada por los verdaderos mandantes de estos gobernantes y sus gestiones tan desastrosas para el sector público es precisamente esa: destruir lo público, acabar con la salud, la educación y cualquier servicio que desde el estado pretenda hacerle un poco más llevadera la vida a la gente, y sobre todo honrar y respetar su derecho a una vida digna y a unos servicios públicos de calidad. Pero, al mismo tiempo, impedir el retorno electoral de gobiernos que sirvan mejor a la población. Es entonces cuando se articulan lógicas de represión que se vuelven gradualmente más agresivas y brutales. También, obviamente, obtienen recompensas para sus negocios y ganancias, que es lo que realmente les interesa. Lo único que les interesa, en realidad.

Entonces no se trata de que sean una partida de ineptos. Siguen un libreto. Están cumpliendo con la misión encomendada a ellos por sus verdaderos jefes. Y eso mismo se puede decir de los organismos electorales, los asambleístas, los operadores mediáticos y de una serie de personeros a quienes se les ha encomendado la destrucción sostenida del tejido social para favorecer a los negocios privados y, en últimas, al sector corporativo y al imperialismo norteamericano. En el fondo, son una banda de traidores, filibusteros y timadores. Seguimonos de los poderes oscuros que hoy por hoy pretenden enseñorearse en el planeta entero. Y todos deberíamos estar conscientes de eso.

La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiéndolo?

 


lunes, 23 de marzo de 2026

ES POR LA DIGNIDAD...

Un Viejo Mendigo Toca Música Por Dinero Foto de archivo - Imagen de  exterior, done: 164229448

En el medio derechista Primicias, Gonzalo Ortiz Crespo escribe un sentido artículo titulado “Es por la dignidad, que se lo pido, señor presidente”. Más allá de esa coma que sobra en el título, el artículo es un justo reclamo a la retención por parte del Ministerio de Economía del gobierno neoliberal de Daniel Noboa Azín del pago de la pensión vitalicia que se ha asignado a quienes obtuvieron el premio nacional “Eugenio Espejo”, tanto si son personas individuales como si son instituciones.

Como se dijo más arriba, el reclamo no puede ser más justo, pues, aparentemente, el atraso en dichos pagos alcanza, en algunos casos, hasta doce meses, amparándose además en la exigencia de requisitos absurdos como de notarizar pruebas de vida. Algunos de los galardonados con el premio, generalmente personas adultas mayores, ya lo han incluido en su presupuesto como una entrada fija que les ayuda, por ejemplo, en sus gastos de salud, y como afirma Ortiz, al momento están viviendo ‘de fiado’, lo cual resulta altamente humillante y triste para quienes entregaron su aporte en arte, investigación y trabajo intelectual durante toda su vida, por el engrandecimiento del Ecuador. De igual manera, instituciones como la Academia Ecuatoriana de la Lengua habían tomado en cuenta estas asignaciones periódicas como base para la realización de eventos o para el mantenimiento de sus locales y equipos, así como para seguir contribuyendo al desarrollo cultural de la comunidad. Entonces el reclamo de Gonzalo Ortiz resulta muy pertinente en estos momentos en que el abandono estatal comienza a permear todas las instituciones y todas las áreas de la vida del país.

Sin embargo, es imposible impedir que vengan a la mente recuerdos de hace algunos años, pues no todas, pero sí algunas de estas personalidades e instituciones, incluido su mismo vocero ad hoc en el artículo, Gonzalo Ortiz, se erigieron no solo en entes afines, sino en defensores del sistema neoliberal ahora imperante, por oposición a la tendencia progresista que lo precedió hace ya casi una década, con la cual se manifestaron no solamente críticos, sino a veces francamente hostiles. Traicionando quizá su calidad de intelectuales, investigadores y gente que se guía por la razón más que por las bajas pasiones, se adhirieron al discurso de odio que denunciaba corrupciones sin pruebas con absurdos justificativos que torturaban la lógica, utilizaron calificativos como ‘el inmundo correísmo’, por citar solo uno, y se convirtieron en las puntas de lanza de ciertas ‘élites’ conservadoras amparadas en un discurso displicente y cargado de inquina gratuita.

Y es triste que, en el momento en que el odio se volvió un requisito sine qua non para formar parte de ciertas élites de cualquier tipo, tanto el articulista como algunos de sus defendidos hayan olvidado que el pago vitalicio para los ganadores del Premio Nacional Eugenio Espejo fue restituido y consolidado mediante el Decreto Ejecutivo 812, emitido por el presidente Rafael Correa el 26 de octubre de 2015, restableciendo la pensión mensual de 5 salarios básicos unificados. Así como es más triste aún que cuando se creó el Ministerio de Cultura, o cuando se favoreció la educación pública y la fundación y desarrollo de universidades especializadas en arte, ciencias de la vida y tecnologías no se hayan atrevido a resaltarlo, quizá porque su sentido de pertenencia a cierta clase social o su fidelidad a determinados grupos de poder los frenaban en seco.

En este momento, y ante una situación que amenaza con tornarse desesperada y desesperante, Ortiz señala, justamente, que es una cuestión de tratar a los artistas, investigadores, intelectuales e instituciones afines de acuerdo con la dignidad que su arduo trabajo les ha otorgado. Y así es. Sería absurdo estar en desacuerdo o criticar esa afirmación. Pero esa misma honestidad intelectual, y esa misma dignidad del trabajo por el arte, la ciencia y la cultura, debería conducir a aquellas personas a reconocer, si no a agradecer, aunque no sean afines políticamente, a quien sí trabajó por premiar su esfuerzo y a quien le deben, de alguna forma, la asignación de la pensión y otros beneficios que les niega quien algunos de ellos apoyaron, aunque haya sido por omisión, tal vez olvidando, en un momento de obnubilación, que mal paga el Diablo a quienes bien le sirven. 

NOTA FINAL: Es necesario aclarar que al día de hoy, 23 de marzo de 2026, aparentemente ya se han cancelado estos haberes, en algunos casos hasta con un año de atraso, eso sí.  



sábado, 28 de febrero de 2026

PUESTOS A IMAGINAR

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Se me hace difícil aceptar que Daniel Noboa haya ‘ordenado’ él solo el asesinato de Fernando Villavicencio. Y no es porque no lo crea capaz de la peor maldad. Es porque no lo creo capaz de un tipo de pensamiento tan complejo como el que debe requerir la mentalización, organización y estrategia necesarias para planear un asesinato en donde había que inculpar, además a quienes eran totalmente inocentes de él.

Aclaro otro aspecto: tampoco lo creo totalmente inocente del atentado. Recuerdo aquel tiempo previo a las elecciones después de la Muerte Cruzada planteada por Guillermo Lasso. Como siempre, el progresismo tenía fe. Dado todo lo que había pasado, era una extraña fe, basada en que sería suficiente con la institucionalidad que su gobierno había construido en la década anterior. Y quizás ahí estuvo el mayor error: en confiar. En ignorar las características del monstruo de cien mil tentáculos al que hay que enfrentar.

Quiero aclarar que todo lo que afirmo en este artículo es producto de mis especulaciones y suposiciones, y por lo mismo no puedo asegurar que así fue, solamente que, entre todas las posibles explicaciones que caben, esta propuesta podría también ocupar un lugar. Sin embargo, no me consta que haya sido así. Apenas lo imagino, como alguna escritora de novela negra que se basa en un recorte de periódico.

Había ocho candidatos para aquella elección. Siete hombres y una mujer, Luisa González, de la RC, la única con altas probabilidades de ganar. Los otros candidatos, todos con una intención de voto muy inferior a Luisa, eran: Fernando Villavicencio, Daniel Noboa, Otto Sonnenholzner, Xavier Hervas, Jan Topic, Carlos (que se hace llamar Yaku) Pérez y Bolívar Armijos. Todos ellos afirmaban disputar el segundo lugar, pues ira indiscutible que Luisa González se alzaría con el primero, e incluso existía la nada descabellada posibilidad de que lo hiciera en primera vuelta.

Si bien no acusaría directamente a Daniel Noboa de haber ordenado el crimen, tampoco me atrevería a decir que no tuvo nada que ver. Me explico: el panorama era complicado, pues es obvio que entre la codiciosa clase política ecuatoriana existe un pacto cuasi-sagrado para impedir el retorno de la Revolución Ciudadana al palacio de Carondelet. Y si tuviera una mente más fantasiosa, quizá pensaría que el pacto ha sido sellado con rituales de sangre o relacionados con las fuerzas oscuras del mundo; pero eso se lo dejo a quienes dan fe de la existencia de cosas similares o a quienes conocen del tema. Pero lo que creo es que todos los machos contrincantes de Luisa deben haber participado en la elaboración de por lo menos dos planes para cumplir con su objetivo, salvo, tal vez, Bolívar Armijos que se perfilaba como el más ingenuo o inocente participante en la contienda, y que parecía hacerlo de buena fe.

Ahora bien, mientras Luisa estaba punteando la intención de voto, había seguramente otro problema interno entre sus contendores, pues Fernando Villavicencio con toda seguridad conocía información, por decirla de algún modo, ‘incómoda’, de los otros participantes, o al menos de los mejor posicionados, así como del presidente saliente, Guillermo Lasso, sus vinculaciones con el narcotráfico albanés y otras actividades para nada santas, por muy santurrón que se presentara el personaje. Entonces es muy posible (insisto, no lo afirmo, lo imagino) que en ese team de candidatos formados más que para ganar para esquilmar los votos de Luisa e impedir el regreso de un estado de bienestar, se hayan establecido estrategias y sobre todo pactos, y quizás hasta pujas y sorteos para ver a quién le ‘correspondía’ llegar al Palacio Presidencial.

Y es ahí donde la figura de Daniel Noboa Azín, de bajo perfil (seguramente impuesto por ellos mismos o por el Departamento de Estado, que no debe haber sido para nada ajeno a estos procesos) comenzó a perfilarse como el elegido para ocupar el sitio que, de una u otra forma, le arrebatarían a Luisa González.

Ahora, aquí caben algunas elucubraciones más antes de seguir, pues, así como Luisa se constituye en el freno para la codicia al que no querían enfrentar, Villavicencio, con su información complicada sobre cada uno de ellos, los tendría amenazados o directamente extorsionados para que le otorguen a él el lugar codiciado por todos. Entonces, imagino (no afirmo, insisto) que los otros seis, o tal vez los otros cinco, excluyendo al bueno de Armijos, comenzaron a planear entre ellos cómo librarse de semejante dogal, y, pensando en el futuro y en quien aparentaría mejor que los otros, más visibles y locuaces, cierta ecuanimidad (después nos daríamos cuenta, ellos y nosotros, de que era una total ausencia de destrezas sociales y comunicativas) eligieron a Daniel Noboa como quien, en ausencia definitiva de Villavicencio, sería el elegido de los dioses para ocupar Carondelet y así poder seguir manteniendo los privilegios de clase que tanto les asusta, no perder, sino regular o disminuir, aunque sea en milímetros. Es posible también que, desde el grupo Noboa se hayan desembolsado grandes cantidades de compensaciones económicas para concederle al ‘Delfín’ ese codiciado lugar. Esto se unía además con la estrategia de achacarle el crimen a la RC con el contubernio de actores como la Asamblea y la Fiscalía General del Estado, lo cual haría de tales acciones el crimen perfecto o la matanza de varios pájaros de un tiro.

Es muy probable que entonces hayan continuado fingiendo que planeaban algo junto con Villavicencio, pero que, por otro lado, lo hayan excluido del verdadero plan para así poder urdir sus estrategias entre ellos y sacárselo de en medio.

Lo demás ya es historia conocida…