Durante los últimos nueve años la oposición crítica al régimen ha tendido a calificar a los tres últimos gobiernos del Ecuador como inútiles, ineptos o por lo menos incapaces de gobernar. Y ellos se han defendido, claro. Su mayor defensa ha sido echarle la culpa al anterior gobierno, no al inmediato anterior, sino al anterior-anterior-anterior… al de la Revolución Ciudadana y Rafael Correa, de todo lo que no han hecho o de lo que francamente han deshecho y destruido. Y, así como decía Baudelaire del Diablo, que su mejor trampa y mayor logro es engañar a la humanidad convenciéndola de que no existe, de igual forma estos tres gobiernos y su tibia defensa han convencido a una buena parte de la población de que son ineptos y no pueden hacer nada porque no son más que una sarta de inútiles elegidos por un pueblo que tal vez se les parece bastante. O cree parecérseles bastante, pero no en aquello que quisiera.
Pero no es así. No son inútiles. No son ineptos. Y si se hacen los tontos es porque esa imagen, la del tonto, tiende a provocar más lástima e impaciencia condescendiente que indignación combativa. Porque, en realidad, los gobiernos de Moreno, el traidor; Lasso, el banquero bonachón, y Noboa, el multiempresario sospechoso de narco, han hecho muy bien los deberes. Solo que los deberes no se los impuso el pueblo, sino, como diría Mario Benedetti, ‘otros más duros y siniestros’, como son las impresentables oligarquías locales y el Imperio yanqui-sionista que hoy por hoy está a un tris de provocar la desaparición de la especie humana junto con una serie de irreparables daños al planeta entero.
Ahora, si bien no son inútiles ni ineptos, tampoco es cierto que sean genios, ni siquiera del mal. Simplemente son asalariados corruptos de un sistema que opera a nivel nacional e internacional y que a punte prebendas y amenazas los cooptó para hacer el trabajo sucio. Están entrenados para seguir un libreto. Y a la vez todos tienen ropa tendida en el patio trasero del patio trasero: empresas offshore, dinero en cuentas de cuyo oscuro origen es mejor no hablar, escándalos sexuales, tratos con organizaciones, religiosas o no, pero siempre con un sesgo de pedofilia o afines, redes de contrabando, y hasta colaboraciones directas con mafias internacionales de narcotráfico y cosas peores.
Como buenos derechistas, acusan a la izquierda de todo lo malo y terrible que han hecho, están haciendo o piensan hacer. Su principal objetivo es impedir que se vuelva a restablecer en el país un gobierno de bienestar, pues eso aparentemente menoscaba sus privilegios, y los de sus aliados y jefes. Su método, el robo. Sí, el robo de bienes comunes, la trampa, la trafasía, la corrupción en todas sus formas. Su mejor herramienta, la mentira a cara lavada, cínica y artera.
Pero no siempre mienten. A veces son descarnadamente veraces, por ejemplo, cuando Daniel Noboa dijo que era ‘un pésimo enemigo para tener’. Pésimo enemigo de su propia vicepresidenta; enemigo de sus contrincantes políticos, como Jan Topic y sobre todo Aquiles Álvarez, con quien se ha ensañado de un modo cruel y psicopático, enemigo de Jorge Glas, a quien no tiene el menor empacho en torturar con sadismo, y sobre todo enemigo del pueblo que lo eligió y al que día con día le va despojando de lo más elemental. Dicen sus verdades como bromas, con talante cínico y desenfadado, como cuando Lenin Moreno afirmó que al comerse un arroz con huevo le ‘importa un bledo el país’, o que había adecuado un parque para que ‘los niños hagan el amor’. E incluso pueden emocionarse hasta las lágrimas con sus propias mentiras, como Guillermo Lasso.
La orden dada por los verdaderos mandantes de estos gobernantes y sus gestiones tan desastrosas para el sector público es precisamente esa: destruir lo público, acabar con la salud, la educación y cualquier servicio que desde el estado pretenda hacerle un poco más llevadera la vida a la gente, y sobre todo honrar y respetar su derecho a una vida digna y a unos servicios públicos de calidad. Pero, al mismo tiempo, impedir el retorno electoral de gobiernos que sirvan mejor a la población. Es entonces cuando se articulan lógicas de represión que se vuelven gradualmente más agresivas y brutales. También, obviamente, obtienen recompensas para sus negocios y ganancias, que es lo que realmente les interesa. Lo único que les interesa, en realidad.
Entonces no se trata de que sean una partida de ineptos. Siguen un libreto. Están cumpliendo con la misión encomendada a ellos por sus verdaderos jefes. Y eso mismo se puede decir de los organismos electorales, los asambleístas, los operadores mediáticos y de una serie de personeros a quienes se les ha encomendado la destrucción sostenida del tejido social para favorecer a los negocios privados y, en últimas, al sector corporativo y al imperialismo norteamericano. En el fondo, son una banda de traidores, filibusteros y timadores. Seguimonos de los poderes oscuros que hoy por hoy pretenden enseñorearse en el planeta entero. Y todos deberíamos estar conscientes de eso.
La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiéndolo?


