martes, 13 de octubre de 2020

LAS ESTATUAS

Hace muchos años, durante el breve gobierno de Jaime Roldós, el rey de España, Juan Carlos de Borbón, de quien todavía no teníamos las noticias que tenemos ahora, visitó el Ecuador y en un gesto de cierta simpatía, no sabemos cuán sincera, quiso colocar una ofrenda floral en el monumento a Atahualpa, que hasta él daba por sentado que teníamos aquí en Quito. Y pues no. No había. O sí, me equivoco: había. Era una pequeña efigie, verdosa de orín, de menos de un metro de alto, semioculta en el jardín del retiro de una casa particular venida a menos, en medio de chatarra y artilugios de mecánica. Entonces se decidió que pusiera la ofrenda floral en otra parte, y mejor para Atahualpa, que no habría resistido la ofrenda de semejante ficha, pero en fin... 

¿Por qué hasta ahora no tenemos una estatua de Atahualpa, el emperador inca exterminado por la conquista, en ningún lugar visible ni destacado de la ciudad en la cual reinó, y en cambio contamos con una estatua de Sebastián de Benalcázar en una plazoleta del Centro Histórico, otra de Colón, que preside un parque en el Centro Norte, y una pequeña estatua de la reina Isabel la Católica en la entrada de un barrio llamado La Floresta en donde cada calle tiene el nombre de una ciudad, región o pueblo de España? 

Cada doce de octubre las estatuas mencionadas aparecen vandalizadas: pintadas de rojo para simbolizar toda la sangre que se derramó en el cruento proceso de la Conquista y la Colonia, con letreros alusivos a esa parte sombría de la historia que se oculta en los libros de texto y las sesiones solemnes de celebración de las fundaciones españolas de nuestras ciudades. Entonces los defensores de la 'hispanidad' se erigen sobre su metro y medio de estatura (altura promedio de esta casta) y reclaman, y se indignan, y no solamente eso, sino que protagonizan actos de desagravio que tienen bastante de histriónico y mucho más de ridículo, como ir a entregar simbólicamente un ramo de rosas rojas a la estupefacta e impasible efigie de la reina genocida de árabes, judíos e indios, en desagravio porque aunque sea simbólicamente alguien le ha dado una sopa de su propio chocolate. 
 
Se supone que las estatuas sirven para recordarnos el pasado. Para mostrarnos quiénes son los próceres, los que construyeron lo que llamamos Patria y en últimas un gran ejemplo a seguir. Sin embargo, las estatuas también forman parte de una imposición ideológica difícil de eludir. Tal vez por eso, cuando los valores de una sociedad cambian, o cuando han sido símbolos de opresión, la población se vuelve contra ellas, recordemos si no la efigie de Lenin siendo derrumbada durante la caída del muro de Berlín, algo que no ha censurado ninguno de los que sufren hasta el paroxismo por la vandalización de las estatuas del imperio español, aunque él también tenga un lugar importante en la historiade la humanidad.

En lugar de vociferar, de dar vacías proclamas de hispanismo arrbista y provinciano, deberíamos preguntarnos por qué un sector de la población se empeña en visibilizar la parte sombría y sangrienta de un proceso que no fue el idílico encuentro entre dos mundos, como se nos quiere vender la idea, sino la sangrienta y genocida imposición de una parte del mundo sobre otra para lanzarse con voracidad sobre los recursos naturales, impulsados por una codicia que hoy por hoy ha llegado al extremo de llevar al planeta al borde de la destrucción. Negarse a verlo, negar la sangre de las masacres, el imperio de muerte que trajeron sus virus y bacterias y la tiranía y crueldad con que se realizó se acerca más a la estulticia que a la reconciliación. Y si bien en lo que somos están ambos lados, quizá no es necesario el permanente recordatorio del sojuzgamiento con el objetivo de que sigamos siendo sumisos y sintiéndonos inferiores por no ser tan peninsulares como quisiéramos.

jueves, 1 de octubre de 2020

LO QUE NO SE DICE


En la última década del siglo pasado, en algunos estados de la Unión Norteamericana, las tasas de criminalidad descendieron dramáticamente. Como era algo de desear para todo un país aquejado por una violencia y una delincuencia bastante intensas, se realizaron muchas investigaciones para comprender el porqué del fausto suceso, pero no se encontraba una correlación significativa ni con los factores biológicos, ni con la educación, ni siquiera con las variantes de la aplicación de la pena de muerte, pues se demostraba una vez más que no tenía ni pizca del poder disuasivo que tanto se le atribuye. 

Al cabo de un tiempo, y después de hacer una investigación de tipo histórico, se descubrió que, entre otros factores quizá no tan significativos, una de las pocas constantes que se habían dado en los estados en donde descendió la criminalidad era que, veinticinco o treinta años antes, se había despenalizado el aborto. 

Ese es el dato. Y las interpretaciones pueden llover, así como el airado reclamo de los detractores del tema que son pro-vida pero para nada pro-paz y peor pro-cortesía. Sin embargo, da para pensar. Y da para pensar porque, en mucho, los movimientos conservadores pro-vida suelen, curiosamente, aprobar la pena de muerte, o sea que son pro-vida mientras el individuo no nazca. 

No es un tema sencillo, este. Y por eso mismo no admite soluciones simplistas. Ya hablamos en un artículo anterior sobre los memes aquellos que hacen gala de grosería y procacidad (aunque supuestamente la procacidad no es de ese lado) en donde se les habla a las mujeres de usar preservativos (¿en dónde, wey?), se las acusa de calenturientas y hasta se las censura por no depilarse las axilas ni la línea del bikini. Además, se llama 'bebé' al embrión, se carga la responsabilidad exclusiva del hecho a la mujer y se desconoce que muchísimos abortos suceden a causa del abandono que sufre, o porque se trata de menores de edad, casi prepúberes que han salido en gestación después de horribles situaciones de incesto y abuso por quienes deberían cuidar de ellas y no ofender su pudor ni su inocencia. 

Siempre es la mujer la que recibe los reproches y las críticas en estos casos, incluso por parte de otras mujeres, que blanden como verdades científicas versículos de la Biblia o fragmentos de las encíclicas; de los mismos hombres, como si los miembros de su género no tuvieran nada qué ver en los embarazos, ya sea por imprevisión (porque el órgano ad hoc para el preservativo está en el cuerpo masculino, váyanse enterando), calentura (porque rara vez es solo de la mujer) o ataque directo, ya sea por abuso, violación o incesto, y de unas estructuras legales que no piensan en aquellas personas a quienes se deben, sino en las componendas y pactos que les servirán para seguir manteniendo el poder, la ganancia y el control. 

Pero además, los poco difundidos datos estadísticos norteamericanos respecto de las tasas de criminalidad en los años 1990 dan cuenta de otra cosa de manera dramática: un embarazo no deseado no es solamente un problema de salud pública en el momento en que ocurre. Sus consecuencias, muchas veces nefastas, pueden seguir haciendo olas hasta veinticinco o trenta años después. Y viceversa.

lunes, 7 de septiembre de 2020

UNA CASA MÁS

Estuve ahí cuando la inauguraron, hace ya un poco más de doce años. Mi vida hacía olas, y grandes, sin embargo, el bar y restaurante La Estación, que había empezado en la calle Almagro, más o menos entre Wilson y Pinto, se convirtió en uno de esos hogares que tenemos todos quienes amamos la buena música y nos cobijamos en la amistad en momentos complicados. 

No importa su ubicación. Yo conocí tres: Almagro, Pinto, y la última, alucinante y original, en la Francisco Andrade Marín. Y en las tres viví momentos inolvidables porque, más allá de cualquier filiación con sus propietarios y administradores, siempre encontré en ella calidez, acogida, buena vibra y disfrute. 

Como ese "Cafetín de Buenos Aires" del tango, La Estación es de esos lugares entrañables, cuyas memorias se atesoran no solamente en la memoria, sino también en el corazón. Si hay un hilo conductor en esa memoria sentimental es la buena música, los momentos agradables compartidos a media luz y con una banda sonora inolvidable, tanto de música ambiental como de inmejorables shows en vivo con lo mejor de la oferta nacional en muchos géneros y estilos. 

Y es así como hoy por hoy La Estación se sigue sosteniendo: a través de la manifestación quizá más pura y profunda del alma y la emoción humanas, la música. Continúa reeditando nuestros recuerdos, nuestros deseos, y acompañando todos nuestros momentos en medio del encierro y el peligro a través de aquello que más conmueve y nos hace más humanos. 

Cuántas veces La Estación de Quito llenó de alguna forma algún vacío de nuestro corazón o simplemente la necesidad de buena compañía o el deseo de disfrutar un momento agradable en alguna noche de viernes, o de cualquier otro día. Y ese lugar acogedor siempre y siempre dispuesto para entregarnos un instante de esparcimiento hoy, al igual que tantos otros, necesita que la miremos y que retribuyamos de alguna manera la acogida que nos ofreció y el placer que nos brindó. 

Volverán los días de reunión, amistad, buena música en vivo y calor en el corazón. Por el momento, mantengamos la memoria, y el deseo de que vuelvan mejores días para todos. Mientras tanto,  esperamos a que se reabran sus puertas cuando el peligro haya pasado de verdad. 

Y no la olvidemos, pues ya forma parte de nuestra memoria sentimental.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

EN DEFENSA DEL TRINOMIO CUADRADO PERFECTO... Y OTRAS COSAS

El meme parece muy ingenioso, y puede ser que lo sea. Es muy posible que después de terminar el tercer curso de secundaria, lo que ahora sería décimo EGB, ninguno de nosotros, ninguna de nosotras haya vuelto a usar el trinomio cuadrado perfecto, ni el análisis gramatical, ni la perceptiva literaria ni quién sabe cuántas cosas más. Y no es esta una defensa de la educación tradicional. Es la búsqueda de una explicación a ciertos procesos, nada más. 

En las aulas de un colegio donde trabajé, era frecuente la pregunta de algunos estudiantes, y sus padres: "¿Y esto, para qué nos va a servir?". Me gustaba poner la cara más inescrutable de mi repertorio, y responder: "Para nada". Los dejaba callados. Fríos. Porque... ¿qué es 'servir', en este caso? 

En el mundo del siglo XXI, cuando parecía que íbamos a madurar un poco como especie pero en seguida los poderes oscuros del mundo se entronizan en ese pulpo de mil tentáculos al que conocemos por mal nombre como Neofascismo, todo aquello que no produce dinero parece inútil, y todo lo que no sirve para fabricar un objeto físico vendible es mirado con sospecha. 

Pero... ¿saben para qué les sirvió el trinomio cuadrado perfecto, ese que nunca más usaron? ¿Y el análisis gramatical? ¿Y el conteo de versos de un poema y de sílabas de un verso? Les cuento: mientras se aburrían haciendo esas 'inútiles' tareas, sus neurnoas, y las dendritas, y los axones de sus neuronas desarrollaban nuevas conexiones, se comunicaban entre ellas de manera que nunca lo habían hecho, se hacían amigas a través de la sinapsis más orgiástica que se pueden imaginar. 

Y se me ocurre que es gracias a esas conexiones neuronales que los cerebros se despertaban, quizá se abrían ojos y se comprendían mejor ciertas realidades. Quizá no utilizarían el trinomio para cosas concretas, pero mientras se rompían la cabeza haciendo los inefables ejercicios del Álgebra de Baldor, o de quien fuera, algo sucedía por lo menos a nivel neurológico. ¿Qué importaba que cuatro años después no lo volvieran a usar, así como no volvieron a leer un libro de literatura o investigar un tema de historia o geografía? Pero en ese momento, con sus cerebros todavía en desarrollo, los trinomios cuadrados perfectos y otros ejercicios de factorización, el pretérito pluscuamperfecto y otros perturbadores tiempos verbales, el triste y forense conteo de rimas o la tediosa interpretación de tropos ayudaba a que esos cerebros despertaran y luego pudieran evaluar de mejor manera la realidad y lo que en ella no se ajustaba a una corrección lógica ni ética. 

Han pasado muchos años, y la educación también ha cambiado, aparte de que la tecnología ha suplido muchas de las habilidades de cálculo y otras similares que en aquellos aburridos tiempos se le delegaban a la capacidad neurológica de las personas y su fortalecimiento, casi casi como el movimiento sostenido de una extremidad puede fortalecer y habilitar un músculo. 

Entonces ahí se comprende por qué ciertos sectores se han opuesto siempre a la instrucción de los pobres, de las mujeres, de los niños de familias obreras. Por qué se ha estratificado la educación de los que mandan y de los que obedecen. Por qué ahora muchas personas pudientes de países desarrollados quieren liberar a sus hijos de la tiranía de teléfonos celulares y otros dispositivos cuya única función parecería ser la de atrofiar la más pequeña destreza investigativa o el más simple razonamiento. 

¿Y para qué nos va, ahora, a servir todo esto? Pues... se lo dejo de tarea.

miércoles, 12 de agosto de 2020

LA BUENA NOTICIA SIEMPRE ES CULTURAL

 

El próximo mes de octubre la escritora ecuatoriana de literatura infantil y juvenil, Edna Iturralde, recibirá del ayuntamiento de Alcalá de Henares el premio Cervantes chico, un equivalente al premio "Hans Christian Andersen" o al Nobel de la literatura infantil en Castellano. 

Edna es una prolífica escritora de historias para niños y jóvenes (tiene en su haber alrededor de cuarenta títulos), en su mayoría situadas en escenarios de Ecuador y siempre relacionadas con los verdaderos y  profundos valores del alma humana que merecen ser resaltados para que la especie crezca y no se pierda enredada en los hilos de la ambición y la estulticia. 

Algunos de sus títulos más destacables: Verde fue mi selva, Lágrimas de ángeles, El misterio de las bolitas de colores, Cuando callaron las armas, ... y su corazón escapó para convertirse en pájaro... entre otras. 

El ayuntamiento de Alcalá de Henares ha decidido este premio, aparte de por el gran aporte de Edna a la literatura infantil y juvenil, por la introducción en sus obras de la etnohistoria, la multiculturalidad y la interculturalidad. 

Felicitaciones a Edna Iturralde, quien, en estos momentos en que la política y la economía solamente traen noticias desoladoras y preocupantes, refresca el espíritu nacional con la buena nueva de que también hay ecutorianos que, con su trabajo constante y esforzado y la maravilla de su arte, saben poner en alto el nombre del país, que no solamente es desgobierno y escándalo, sino también la labor de sus artistas, creadores y gente de bien, que quizá no hace tanta bulla, pero sí lo hace mucho mejor. 

En el encabezamiento, el video del programa de #RutaDeLetras, por Hoja de Ruta radio que le dedicamos a nuestra laureada escritora.

sábado, 25 de julio de 2020

EL 'MONUMENTO' (un relato de suposiciones)


Día 1: La señora Alcaldesa Cintia Viteri, mejor conocida como 'Lady Patriot' o 'La bloquea aeropuertos', caminó lentamente por encima de las efigies de cuerpos revueltos en el suelo con que un escultor quiso representar las decenas de miles de muertos por la pandemia en Guayaquil. Para minimizar el impacto, y también para efectos prácticos, se ha cubierto la escena (macabra, para algunos gustos, pero arte es arte) con vidrio de algunas líneas. Y ella también caminó por un ladito, como evitando mancharse los pies con el simbólico vaho de la descomposición. Para el efecto, se había vestido 'casual', y usaba zapatos tenis, seguramente de marca y quién sabe si de algo más de cincuenta dólares. Algunas mentes, que quizá ven más allá del simple espectáculo, se estarían preguntando qué de homenaje tiene hacer un monumento de bajo o alto relieve en el suelo, bajo un vidrio, sí, y posiblemente con algo de iluminación, para que todo el mundo le pase por encima, y no solamente eso, sino para que la alcaldesa, a quien se le atribuye gran parte del desastre, pase caminando por encima a manera de inauguración, haciendo en la 'realidad' lo que ya hicieron simbólicamente ella y todos los del contubernio partidocracia-oligarquía-medios, y no solo en Guayaquil: pasar por encima de todo y de todos para que las 'élites' se salieran con la suya y las mafias en el poder medraran lo más que pudieran aprovechando la coyuntura, no importa el precio. 

Día 2: La gente pasa rauda por encima del relieve, hay que trabajar para vivir. Todavía impresiona. Algunos apartan la vista. Otros se detienen a mirar. Algunos jóvenes hasta se burlan. Una madre con un niño de la mano prefiere cruzar a la vereda de enfrente. Un par de hombres, en una esquina, comentan sobre la figura. 

Día 3: La cosa comienza a normalizarse. Algunas personas, por más que tratan, no recuerdan qué había ahí antes de que se instalara la composición escultórica, cómo era esa vereda dos semanas atrás. Casi todos evitan mirar. Y unas cuantas personas prefieren dar un rodeo o cruzar la calle. Un perro callejero levanta la pata trasera y marca una jardinera aledaña. El viento arrastra unas cuantas hojas secas que se posan suavemente sobre el cristal. 

Día 4: Hay quien, con algo de curiosidad y mucho de morbo, toma fotografías. El paso apresurado de mujeres en tacones astilla imperceptiblemente la cubierta transparente. Un hombre lo empaña con una lodosa huella de zapato después de haber metido, accidentalmente, el pie en un charco del bordillo. El perro de la otra vez hace del número dos sobre el rostro pétreo de una mujer. Por la noche, un borracho vomita sin poder contenerse sobre otra zona del vidrio. No sabe por qué, pero prefiere huir y que no sepan que fue él. 

Día 5: Alguien ha grafiteado, con spray rojo, la palabra que nadie se atreve a decir: ASESIN@S. La gente pasa por un lado. Algo les impide pisar la acusación. Algunos se muerden los labios. Casi todos están de acuerdo. Hacia el medio día, una cuadrilla de empleados municipales raspa el graffitti con espátulas y tinher. 

Día 6: Se repiten los sucesos de días anteriores. Un ratero corre desaforado por encima del cristal, huyendo a toda velocidad con un bolso femenino recién arranchado en la mano. Detrás de él, dos o tres que piensan atraparlo. Regresan sin nada, caminando, exhaustos y frustrados, por encima de la cubierta transparente. Más tarde, dos perros se pelean por un hueso a la luz azulada de la iluminación monumentaria. Hay papeles de caramelo y envoltorios de comida en las inmediaciones. 

Día 7: Amanece. La señora del local más cercano mira el vidrio con un poco de lástima. Luego saca la escoba y el balde con el que limpia su porción de vereda, y barre y trapea cuidadosamente por encima del 'monumento'. Más tarde, una flor violeta se desprende de un árbol y, llevada por una leve brisa, se posa grácilmente sobre el cristal recién lavado. 

viernes, 28 de febrero de 2020

LA RESACA DEL LUNES



Y un gitano sin su honor

es la cosa más peor
[José María Cano]

Debo confesar que entre mis preferencias musicales no se encuentra el canto lírico individual, a no ser que sean oratorios de Bach o Händel, el estremecedor "Lamento de Dido" de Purcell, o la "Bachiana" número 5 de Heitor Villa-Lobos, o sea que la ópera en sí no me mueve el piso [aquí espacio para miradas asombradas, levantamientos de cejas, abucheos y retiradas de amistad]. Me parece mucho más bella la voz bien timbrada pero natural de una persona entonada y emotiva que transmite sentimientos y pasiones antes que la engolada voz impostada de una soprano o un tenor de escuela, salvo excepciones. Y una de esas excepciones fue siempre el tenor-barítono español Plácido Domingo. Lo prefería de largo ante la mal disimulada histeria de Luciano Pavarotti o el engolado tono de José Carreras. Me gustaba el timbre de su voz, la naturalidad de que disfrazaba su impecable técnica, el sentimiento que jamás era menoscabado por el virtuosismo. 

Pero está visto que virtuosismo y virtud jamás serán lo mismo. A este divo de los escenarios le llegó la Némesis para castigar el pecado de Hubris que lo llevó a creerse con derecho a decidir el futuro profesional y artístico de unas cuantas mujeres a cambio de favores sexuales. Y si solamente hubiera sido eso, sería ya bastante grave. Pero no ha sido suficiente. 

El caso de Plácido Domingo y las por lo menos veintisiete denuncias de acoso, abuso y chantaje sexual cuando el cantante ocupó un cargo importante en las óperas de Los Ángeles y Washington no ha puesto sobre el tapete solamente la debilidad humana ante los impulsos de su propia sexualidad, sino el doble rasero con el que se juzga a hombres y mujeres en este tipo de situaciones. 

En primer lugar, gente de no creer lo defiende. Quiere que la calidad de su arte tape la enormidad de su abuso. Y si bien aquí no se trata de juzgar por juzgar ni de hacer leña del árbol caído, también es importante pensar en que esa conducta provocó miedo, rabia y sufrimiento en quienes fueron vejadas por ella. 

Pero más allá de eso, durante mucho tiempo no se atrevieron a denunciarlo porque, aparte de cualquier otro escarnio, eran mujeres, pues está visto que cuando una mujer denuncia, por decir algo, una violación, las primeras preguntas que se le suelen dirigir son casi-casi acusaciones, y no tan veladas: ¿por dónde andaba sola y a qué hora? ¿cómo estaba vestida? ¿estaba sobria o había ingerido alcohol (o cosas peores)? ¿está segura de que su actitud no fue provocativa o imprudente? 

No se ha sabido de ningún caso en donde algún hombre o sus familiares lleguen a denunciar, por ejemplo, un asalto a mano armada con agresión a su integridad física, y se le pregunte: ¿por dónde andaba solo y a qué hora? ¿cómo estaba vestido? ¿estaba sobrio o había ingerido alcohol (o cosas peores)? ¿estaba seguro de que su actitud no fue provocativa o imprudente? 

Alguien dice que los artistas no tienen (o no deberían tener, o no se les debe juzgar por su) moral. Pero sería así si nos refiriéramos a su obra. Ahorita mismo, mientras escribo estas líneas, escucho a Domingo cantar una canción de Mecano con la que he querido ilustrar este artículo. Y no puedo dejar de admirar la belleza de su voz, aunque la verdad dentro de los oídos se me enturbia un poco, nunca será como antes. Pero si bien esa obra no tiene moral, en el hoy por hoy, el ser humano ha cometido acciones censurables, y entre otras cosas, no se puede permitir que las siga cometiendo, por una parte, y por otra, debe haber una consecuencia. Si a un niño que ha robado algo en una tienda se le obliga a devolverlo y se le quita la mesada durante un mes, no se diga a un adulto que abusa de la ilusión de jóvenes artistas que quieren cumplir una meta, y que pretende ofenderlas y agredirlas en lo más íntimo y sagrado, como es su vida sexual. 

Cuando estalló el escándalo, Plácido Domingo se quejó, dolido: "No se les puede decir nada a las mujeres". Y claro, a una muchacha que aspira a tener una brillante carrera operística no se le puede decir: "Ven esta noche a mi departamento". Debería saberlo, ¿verdad? Así como no se pueden tocar ciertas partes de su cuerpo sin permiso. Eso también forma parte de la excelencia y de la virtud más allá del virtuosismo. 

Alguien dijo también, compasivamente, que se censura a un gran artista por 'un momento de debilidad'... ¿Veintisiete denuncias evidencian UN momento de debilidad? ¿Es en serio? ¿Qué pasó cuando Winona Ryder tuvo un verdadero momento de debilidad en una tienda y su cleptomanía se desató? Para ella, dentro de la industria cinematográfica nada nunca volvió a ser igual. No importaron su belleza, su impecable presencia ante las cámaras ni su genial calidad interpretativa. Se acabó. Confinada al papel secundario hasta que apareció Netflix. Nadie abogó por ella. Nadie fue capaz de poner sobre el tapete la verdad científica de que la cleptomanía es un trastorno, una enfermedad. No. 

Pero ante el patrón repetitivo de una conducta deleznable hay quien se duele del pobrecito Plácido Domingo y está a punto de canonizarlo porque ha reconocido la gravedad de sus acciones. Como muchos acusados de cualquier cosa, acaba reconociéndolo porque no hacerlo sería más vergonzoso. Pide perdón porque de omitir esta acción quedaría como un psicópata maniático sexual, no por otra cosa. Y no solamente eso: solamente terminan de creer a las mujeres que lo denunciaron cuando él lo corrobora. O sea, que el escarnio es femenino, no cabe la menor duda: debería llamarse escarnia. 

Triste cosa son las aparatosas caídas de los ídolos; pero mucho más triste es el sentimiento de que a la mitad de la humanidad todavía le queda mucho trecho en el camino de los derechos por conquistar. Recuerdo con ira y dolor cuando me enseñaron que la palabra 'testigo' en castellano siempre era masculina. Cuando comprendí el porqué, la verdad me valió madres la gramática. Y me gustaría algún rato ser testiga de que las cosas cambien para nosotras, por lo menos en lo que a credibilidad ante la agresión se refiere. De verdad.

martes, 14 de enero de 2020

LO PEOR Y LO MEJOR



Una información no confirmada y difícil de comprobar dice que el 30 de septiembre del año 2010, el entonces vicepresidente Lenin Moreno se encontraba en Guayaquil, observando el desarrollo de los acontecimientos en algún hotel de lujo, y no precisamente en compañía de personeros de la Revolución Ciudadana, sino con representantes de las cámaras y otros miembros de la partidocracia que había visto mermados sus intereses durante los anteriores tres años de gobierno. Cuentan, además, que en aquel momento y dependiendo del desenlace, estaba listo y presto a asumir el cargo para seguir las ‘indicaciones’ de sus acompañantes en cuanto se definiera la situación ‘a favor’ de que así fuera. Eso no ocurrió, y seguramente entonces, o ya desde antes, se puso en marcha el ‘plan B’, que posiblemente sea lo que estamos sufriendo en estos días.
Como toda trama perversa y bien urdida, no le consta a nadie y quizá es mejor no andar por ahí. Pero sí resulta obvio que las actuales circunstancias no nacieron de un súbito resentimiento ni de una envidia personal, sino de un muy bien armado plan de traición y deslealtad en donde -es obvio- Lenin Moreno no fue precisamente un convidado de piedra, y en donde es más que seguro que ni él ni otros funcionarios actuaron ni siguen actuando por puro amor a la causa.
Por eso, en medio del desconcierto, sorprenden agradablemente actitudes y acciones de otros personajes de la vida política nacional y latinoamericana que, más allá de cualquier ambición o conveniencia personal, optaron por el difícil camino de la lealtad y la consecuencia. Pongamos por caso el ejemplo del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera. Tal y como va la política latinoamericana, tal vez pudo ‘negociar’ para quedarse en el cargo ofreciendo privilegios a ciertos estratos y estamentos del sector golpista, como han hecho muchos. Sin embargo, no cedió a ninguna tentación, temor ni presión externa. Cuando Evo Morales renunció, él también presentó su renuncia, y salieron juntos de Bolivia hacia el exilio.
De igual manera, cuando la Asambleísta Sofía Espín tuvo que abandonar el país debido a un turbio y cuestionable proceso de destitución y persecución, su Asambleísta Alterno, Rony Aliaga, asumió el cargo no para ‘virarse’, como también se ha visto en unos cuantos casos, sino para apoyar las causas y los ideales del cargo para el que ella fuera elegida. Esto le ha costado a Rony persecución y, más que eso, un constante acoso en medios, en redes, incluso amenazas de muerte y otras agresiones desde el gobierno central; pero ninguno de esos embates ha hecho flaquear su espíritu ni ha torcido el rumbo de su lealtad.
El tercer caso viene de un joven empresario, compañero de fórmula de Paola Pabón para la prefectura de Pichincha, quien aparte de lealtad, ha sabido moverse con sagacidad e inteligencia en medio del inmisericorde acoso y la denodada persecución, aprovechando la promulgación de medidas cautelares por parte de la CIDH para los presos políticos del régimen de Moreno para otorgar vacaciones tras el fin de la licencia sin sueldo de la Prefecta y además para prestar su propio contingente de Prefecto Subrogante y así apoyar la continuidad política del cargo.
Gestos como los de García Linera, Aliaga y Tonello hacen pensar en que también la bondad, la lealtad y la limpieza de alma pueden tener lugar sin ser oprobio en el campo del accionar político de nuestro país, pues han puesto lealtad allí donde hubo artería y dolo; consecuencia allí donde reina la conveniencia; y fidelidad a personas y a procesos allí donde la ambición y el odio parecían haber penetrado con sus tentáculos ponzoñosos.
Sería de desear que poco a poco la mentalidad política de las nuevas generaciones vaya mirando con admiración hacia estos ejemplos, y no a los que pretenden regresar a nuestros países a la era de colonización, represión y abuso de la que algunos visionarios pretendieron salir hace algunos años. 

martes, 3 de diciembre de 2019

ELVIRA



Como me ocurre con harta frecuencia, Elvira Ceballos llegó a mi vida ya tarde. Vino de la mano de Raly Barrionuevo, en un pequeño álbum llamado Radio AM, y concretamente en aquella bella canción llamada "Milonga del si volviera" había en el fondo una preciosa y clara voz de mujer acompañando la estremecedora fuerza de la letra. Y en el mismo álbum gocé con la maravillosa energía que piano le brindaba al conocido vals "La pulpera de Santa Lucía".

Movida por la curiosidad que aquel talento me provocaba, comencé a googlear información sobre tan bello personaje, y la encontré: las fotografías muestran una mujer mayor, ligeramente contrahecha y con los ojos ocultos por grandes gafas oscuras. En un primer momento parecería que ese aspecto no se correspondía con la maravilla de su voz ni con la magia de sus manos en el teclado; pero esa impresión fue engañosa, como suele suceder, pues basta con escucharla responder una entrevista con una simpatía que sobrepasa cualquier expectativa formal para comprender que Elvira Ceballos era... es un ser de luz. La luz de la música, la luz de la autenticidad, la luz de la sencillez que siempre acompaña la verdadera grandeza. 

Elvira Ceballos nació en La Falda, Córdoba, en marzo de 1949. Tanto ella como su hermana tuvieron problemas de salud desde pequeñas, y tan graves que el pronóstico médico fue devastador: ni siquiera les auguraban la supervivencia: Elvira sufría de osteogénesis imperfecta, esa enfermedad que vuelve los huesos como de cristal y que finalmente devino en una imposibilidad para caminar y trasladarse, y para colmo perdió la vista en la tierna infancia. Sus padres pasaron de la desolación a la acción, y al ver que sus súplicas por un milagro no daban resultado hacia arriba, su madre se encargó de que el milagro se cumpliera a ras del suelo, apoyando a que su hija estudiara música. 

Pianista, guitarrista, compositora, letrista y cantante talentosa, Elvira siempre se caracterizó por la fortaleza de su espíritu, por su alegría, por su sentido del humor, por su esperanza y su valor para enfrentar los retos con los que desde la infancia la vida la había probado. Sin embargo, aquí en el Ecuador se la debe recordar con especial gratitud porque vino a compartir aquello que sabía con otras personas como ella. 

En su natal Argentina, Elvira se había formado como maestra de música, desarrollando sobre todo la enseñanza de notación musical para personas con problemas de visión. Ella misma creó una notación musical en Braille que era uno de sus múltiples e importantes aportes a la cultura musical de las personas con capacidades especiales. Con este método vino al Ecuador para compartirlo con estudiantes del cantón Guamote y para realizar esa y otras tareas en la institución de otro grande de la educación musical para personas especiales, como es el maestro Edgar Palacios, en su maravillosa escuela SINAMUNE, haciendo, como decía alguna de sus alumnas, que los ciegos ya no sean ciegos, sino músicos y artistas.

Hace poco tiempo, en una conversación de almuerzo, me enteré de que el pasado septiembre la maestra nos había dejado. Volví a googlear su nombre y supe de su valor para enfrentar el tramo final como parte de la vida, con la fortaleza de quien jamás le pidió a la existencia nada más que el valor de saber qué hacer ante sus embates, con la alegría de quien se va hacia la luz con la satisfacción de haber sembrado de amor y felicidad el camino de quienes estuvieron a su alrededor. Nunca tuvo miedo del paso final porque supo hacer de su problema un medio de engrandecimiento personal, y estaba segura de que al final del camino le esperaría la cosecha de paz y felicidad trabajada durante sus setenta años de vida. 

Gracias maestra Elvira Ceballos por lo que dio a mi país. Gracias por la belleza de la música, que es el más grande regalo de los dioses a la humanidad. Gracias por su ejemplo de valentía, fortaleza y alegría que harán que viva mientras haya quien la recuerde desde sus enseñanzas y su calidad humana. Que su alma resplandezca siempre en nuestra memoria agradecida. 




miércoles, 20 de noviembre de 2019

LOS INTOCABLES


Suele circular por ahí una reflexión interesante. Si una persona te dice ‘gordo’, es su opinión y tal vez no haya que darle importancia. Si son dos, sin relación entre ellas, quienes te lo dicen, puede todavía seguir siendo eso: una opinión, aunque no estaría por demás subirse a una balanza a ver qué ondas. Pero si son tres o más las que te lo dicen, sería el momento de hacer ejercicio, ponerse a dieta o agendar una visita a un profesional de la nutrición. Todo esto, si entre los críticos no se han puesto de acuerdo entre ellos para el cargamontón y si lo hacen con una intención transparente, cabe aclarar.
Y es eso lo que ha pasado con la actitud del periodismo ecuatoriano últimamente. Ya no son solamente los reclamos del expresidente Correa, ya no es solamente la caída del 'rating' de varios medios convencionales ante los medios alternativos, sino las críticas de otros sectores. Entonces, ante un sermón pronunciado por Fernando Ponce León, Rector de la Universidad Católica del Ecuador, en donde censura el papel inquisidor de cierta prensa, el pleno de esa misma prensa se rasga las vestiduras, se ofende y, como tiene a la mano los medios necesarios, comienza con una andanada de críticas ácidas, caricaturas, editoriales en periódicos, noticias de redacción malintencionada, etc., etc., etc.
Por supuesto, no falta la estigmatización: ‘correista’. Su discurso se parece al de Correa, gritan, vociferan, lloran, se indignan, dibujan. Y como siempre, quizá para darle la razón al señor Ponce, lo inquieren, como relata el mismo periodista que estuvo presente en la misa, quien, en un acto sin precedente, va a comulgar no con la sana intención de recibir el cuerpo de Cristo para alimentar su espíritu, sino con la bastante menos santa de inquirir al sacerdote in situ sobre su homilía. Es tal la inquina que le provocan las palabras del oficiante, que ni siquiera es capaz de esperar a que termine la misa e ir a plantear su reclamo en la sacristía, como a veces hace la gente común, sino que comete el sacrilegio de ir a comulgar sin prepararse para poder hacer el reclamo en el lugar y el momento menos adecuados. O sea, usa el acto de la comunión para pelear, más claro. Porque él es periodista, suponemos, y está más allá del bien y del mal y por encima del común de los mortales. 
No hace falta tener demasiadas luces para comprender y concordar con las afirmaciones de Ponce. Se ha visto con mucha frecuencia a presentadores de televisión, sobre todo, literalmente atacar a sus entrevistados si no respondían a las preguntas diciendo lo que el entrevistador o la entrevistadora pretendían que dijeran. Se ha visto a entrevistadores y reporteros de calle interrumpir entrevistas con enorme displicencia porque no seguían el rumbo por ellos y ellas planificado. Todo esto, además, dependiendo o no de la coincidencia ideológica entre el entrevistado y el entrevistador. El tono enérgico, dictaminante, pontificante, nos atreveríamos a decir, de muchos presentadores y comentaristas de televisión da para pensar que, por alguna razón que no queda muy clara, son (o se consideran) dueños de la verdad absoluta. Y todo lo aquí afirmado se puede comprobar a través de la simple observación de las grabaciones en audio o video de las intervenciones y entrevistas de la radio y la televisión.
Caso aparte es la agresividad que destilan ciertos artículos de opinión (siempre la misma opinión, por otro lado) de la prensa escrita. Agresividad que muy bien puede calificarse como odio, aunque sus autores con frecuencia declaren no odiar a nadie o no dejar que el odio se enseñoree en sus corazones. 
Sería bueno que, por una sola vez, en lugar de arrogarse una razón que tal vez no siempre tengan, los comentaristas, presentadores, reporteros y editorialistas dejen de mirar a quienes los critican y se miren a sí mismos y a las consignas que cumplen. Es decir, que dejen de victimizarse como los pobres agredidos por Correa (su inextinguible fantasma), y comiencen a preguntarse en serio por qué han bajado tanto su ‘rating’ o las ventas de sus periódicos. Por qué la gente prefiere informarse a través de las redes sociales, aunque sea como una fuente válida de contraste para tener una información más completa y menos sesgada. ¿Será solo porque Correa fue malo con ellos? ¿Será solo porque un sacerdote en una misa dominical expresó algo que se acerca bastante a la realidad? ¿No será, mejor, de ponerse a dieta de interrupciones, displicencia, mordacidad y agravios? Incluso mucha gente que coincide con su posición ideológica prefiere no seguir los noticieros debido a la carga de agresividad que se maneja en ellos.
Pero además hay otro aspecto digno de tomarse en cuenta: debido a la simpatía manifiesta del papa Francisco I hacia algunos líderes progresistas latinoamericanos, hoy en día también se orquesta una campaña de desprestigio contra la iglesia católica y sus instituciones. Parte de eso forman, por ejemplo, las denuncias de un gris personaje autodenominado ‘diácono permanente’ y llamado por nombre y apellido Jorge Sonnante, que en lugar de ayudar a dar la comunión a los fieles como es la función de cualquier diácono que se respete, ha comenzado a recorrer medios de comunicación denunciando (falsamente, según personeros de la misma iglesia) actos de corrupción de los personajes citados en contubernio con el papa Francisco (¡plop!). Aunque ha sido desmentido con buenos argumentos, su tenacidad y su cada vez más frecuente presencia en medios y redes es bastante sospechosa, más allá de su vacilante lectura y la pobreza y enrevesamiento de sus argumentos, llegando incluso a pretender impedir la asunción al poder de Alberto Fernández en Argentina con el argumento del fraude. Es decir, pretende organizar un quilombo semejante al boliviano.
Como parte final, El Comercio publica un editorial de Miguel Rivadeneira titulado “No más odio desde el púlpito”. Es un artículo de opinión. O sea, aunque les duela a su autor y a sus editores, una mera opinión, válida, claro, pero no más que eso. También se podría decir, y con bases ciertas: “No más odio desde la prensa”. No más manipulación. No más entrevistas interrumpidas porque el entrevistador piensa con su propia cabeza. No más campañas de desprestigio contra la libertad de expresión del cura que se expresa desde el púlpito ni contra un expresidente que ya no está pero que es el pretexto ad hoc multiuso para cualquier acusación fuera de tiempo y lugar. 
El mundo sería otro si cada uno se exigiera a sí mismo la décima parte de lo que exige a los demás. Ah, y si van a comulgar, averigüen bien cuáles son las condiciones adecuadas para recibir el sacramento.