domingo, 2 de octubre de 2016

un sitio seguro adonde ir



Éramos jóvenes. Casi adolescentes. Y estaba la música (ya saben, no quisiera regresar a las historias de la vieja casa del barrio de San Roque, pero a veces resulta inevitable, aunque no se preocupen, hoy no se hará). Estaba la música como esa presencia sagrada, sin que importara qué, ni quién, ni cómo. O bueno, siempre importaba, pero el gusto de los años universitarios era más bien ecléctico. Para la emoción y el éxtasis daba lo mismo un concierto de Brandeburgo, que la banda sonora de The Wall, o los poemas de Machado musicalizados por Serrat. Tan solo dependía del momento.
Y fue en uno de esos momentos cuando apareció aquella canción interpretada por una voz de hombre bastante juvenil. Y era de aquí, de Ecuador. Una música que para nuestra magullada autoestima como país sonaba como si fuera de otra parte. Así de buena se presentaba. La canción principal se llamaba “¿Adónde vas?” y acumulaba magia por toneladas en medio de su sencillez.
Por aquel entonces yo era una muchacha que estudiaba para ser profesora de literatura y que había ido saliendo despacio de la timidez cuando lo que escribía comenzó a gustarle a gente entendida en el asunto. No confraternizaba con la farándula y sufría por algunas de las mismas cosas que sufro ahora. También me alegraba y me extasiaba con las mismas cosas con que lo hago ahora, no se vaya a creer que era presa de algún extraño tipo de masoquismo. Y en ese ánimo cambiante de los años de la adultez temprana, la canción “¿Adónde vas?” marcaba un sendero, una dirección, exploraba un mundo que iba más adentro y más allá de las protestas sociales y de las quejas de amor no correspondido.
Eran tiempos de redefiniciones. Si bien íbamos acercándonos a la mitad de la década ‘perdida’ de los ochenta, la música latinoamericana en general eclosionaba en propuestas muy interesantes, por decir lo menos, y aquí en Ecuador aparecían también: Promesas Temporales, Jaime Guevara, y por supuesto el grupo Umbral, compuesto por Nelson García, Pancho Prado y Pedro Pino, con la canción que mencioné.
La vida siguió, o yo seguí la vida. Las historias de siempre: el trabajo, los amores, platónicos con más frecuencia de la deseada, las dudas existenciales, y la literatura y la música cobijándolo todo para volverlo llevadero y luminoso. Cada tanto, solía regresar a aquel casete en donde entre dos chasquidos de teclas mal sincronizadas se esparcían los sonidos de “¿Adónde vas?” acariciando el alma con la suave y a un tiempo tenaz esperanza que rezuman sus palabras.
Vinieron luego las tormentas esperadas e inesperadas de la existencia. Qué sabía yo entonces que una de esas tempestades me iba a conducir a conocer, no como músico, sino como psicólogo, a Pancho Prado que, por entonces, aparte de remendar almas laceradas y rasmilladas por los raspones del desamor y otras cosas peores, se encontraba preparando su primer álbum como cantautor solista. Qué sabía yo que el trabajo terapéutico me conduciría a conocer a quién sería uno de los mejores amigos (por no decir el mejor) con que la vida me ha podido regalar.
Pero eso está en el ámbito de lo privado. Y más allá de los movimientos emocionales que poco interesan a las multitudes, está el contacto con la música del dúo, o del grupo Umbral. Podría decir que también me honra mucho la amistad de Nelson García y de Pedro Pino. Pero más allá de eso, ya lo dije, está el talento, y no dentro de esa condescendiente frase que arropa el “talento nacional” con más conmiseración que admiración, sino el talento de verdad: el talento de quien pone cuidado y rigor a lo que hace, pero también lo hace amorosamente para con la música, para consigo mismo y para con el público que no se merece cualquier cosa para auparla con el pretexto de que es “talento nacional”, sino que espera y requiere de un trabajo de primerísima calidad, como es el trabajo que el pasado miércoles 28 de septiembre el grupo Umbral puso a consideración del público.
El Umbral es el sitio de paso. El límite superior de la sensibilidad. Y por él comenzamos a atravesar, casi sin saberlo, hace un cuarto de siglo de la mano de un par de jóvenes inquietos y talentosos que se la jugaron por el arte en un medio a veces un tanto hostil para cierto tipo de manifestaciones creativas. Ahora siguen aquí, igual de inquietos, igual de jóvenes (no es mentira ni ironía), igual de hermosos, igual de artistas e igual de talentosos. Y no sé en el caso de otras personas, pero en el mío particular, reviviendo con su arte y su genialidad lo que se pudo haber perdido de aquella joven universitaria que atesoraba su canción más conocida porque marcaba el rumbo de algún lugar seguro a donde ir sin miedo de perderse, ni de encontrarse.
Gracias por eso, Pancho y Nelson. Gracias, grupo Umbral. Que esta nueva puerta que se abre en estos días permanezca de par en par para su talento y su arte.

(La foto es de Ricardo Centeno) 

sábado, 14 de febrero de 2015

VÍCTIMAS HIPERBÓLICAS



Hoy por hoy, nuestro país está pendiente de algunas víctimas, a saber: un asambleísta negro, ex futbolista (y su familia, dice); un caricaturista; un payaso profesional; una página de Internet que se llama Crudo de nombre y Ecuador de apellido, y un Presidente de la República.
Da lástima pensar que la disputa política en nuestro país se haya reducido a una pelea de preescolares. Es el típico juego de “él me dijo que…”, en donde el otro contesta: “es que él me dijo que…”, y el otro no le deja terminar la frase al insistir: “pero él empezó”… O sea, parecería un conflicto entre gente que no ajusta el primer lustro de vida y todavía no puede pronunciar bien los fonemas vibrantes.
Ninguno de los implicados tiene la madurez suficiente como para mantener su dignidad frente a las impredecibles manifestaciones de la naturaleza humana. Las tintas se cargan sobre Rafael Correa (¡qué raro!), el gran culpable de cualquier cosa que haya sucedido de manera real o imaginaria durante los últimos ocho años: pero no es el único.
Y todos son víctimas, menos tal vez Tico-Tico, que es el que mejor ha mantenido el tipo en estos desaguisados, quizá porque recién entra a escena. Si nos ponemos a ver, es el que con mayor dignidad, entereza, madurez y discreción se ha comportado.
Empecemos por el niño que raya la pared y que lo hace todo con unas intenciones que se quedan cortas ante los mejores deseos de un ángel de la guarda para sus protegidos. Recibe un castigo frente al cual seguramente alguna reprimenda de su infancia habrá sido novecientas veces peor; pero es víctima, porque no le dejan expresarse. Y entonces, como buena víctima, aparece en las primeras planas de los medios privados blandiendo un lápiz del tamaño de un poste de luz con el que regala autógrafos a sus admiradores, y es uno más de los “pobrecitos perseguidos” de este régimen, que generalmente, en estos casos, persigue y hasta alcanza, pero suelta en un segundo a quien atrapa. Y entonces el perseguido lloriquea  porque no le permiten insultar ni difamar como lo mandan las sagradas e inamovibles leyes de la libertad de expresión.
Pero su agredido principal no se queda atrás. Al más puro estilo de la oposición que tanto agrede al Gobierno cuyo movimiento representa en la Asamblea, se va especializando ya en esa figura retórica altamente efectiva llamada la “tormenta en el vaso de agua”. Su familia está destrozada porque se han burlado de él. Y él, padre de familia, en lugar de enseñarles  a sus hijas la altivez y la entereza que todos necesitamos para superar algunos ineludibles tragos amargos de la existencia, les acolita en la más dolorosa victimización. Porque si al uno le han obligado a disculparse (snif, snif), los otros ya llevan varios meses sin poder superar el efecto de una simple caricatura. Hay que rogar al Dios del cielo que ni de broma les ocurra nada un poquito más complicado. Los destruirá.
También está ese personaje virtual llamado Crudo Ecuador. En una entrevista en la versión digital de algún periódico dice que desde que Correa lo mencionó en un enlace ciudadano no puede dormir. Que tiene miedo de salir a la calle, dice. Aquí, la primera pregunta que surge es ¿por quéf? Si ni siquiera sabemos quién es, qué cara tiene, a qué huele…  Solo sabemos que hace memes burlándose de políticos y que presupone que en una funda que Rafael Correa llevaba en un centro comercial de Ámsterdam había algo carísimo. No se entiende el miedo, si está visto que aquí las sentencias de este tipo no se cumplen porque de repente les da un ataque de magnanimidad y perdonan hasta lo más imperdonable, y que cuando alguien le hace a otro algo tan horrible como traumar de por vida a su familia con una caricatura (?), a lo más grave que se le condena es a disculparse en público.
Y entre las víctimas, para cerrar con broche de oro, está Rafael Correa. Damnificado de cuanta sandez se pronuncia como crítica no solo de su gestión, sino incluso de su vida personal. Rebajándose a pelear con quienes lo saben y se gozan con ello. Respondiendo a todo aquello que debería, dignamente, ignorar, para así quitarle el protagonismo que él mismo le proporciona al hacerle tanto caso. Desconociendo él mismo que bastaría con la mitad de su obra pública (por mencionar una sola cosa) para que la historia lo recuerde por los siglos de los siglos. Y olvidando, en medio de su ofuscación, que el más grande comediante de los tiempos modernos… fue un inglés.

jueves, 29 de enero de 2015

SER O NO SER PUTA


Parecería que una de las cosas más peligrosas sobre la tierra es la libertad de expresión sin un mínimo de discernimiento que permita entender hacia dónde se pueden ir las cosas. Y creo que eso es lo que sucedió con la campaña de la concejala Carla Cevallos.  
Más allá de la bondad o la maldad de algunos vocablos, parecería ser que la publicidad es un tema de estrategia. Y la estrategia, si no me equivoco, es un conjunto de acciones pensadas para lograr un objetivo. Al escribir en una valla publicitaria a la vista de todo el que pase por el sector (monjas, niños, señoras...) un slogan como: "Si puta es ser libre y dueña de mi cuerpo soy puta... y qué?" (a propósito, en castellano se usa signo de interrogación al principio), sería de ver qué se quería lograr. Supuestamente es una campaña contra el femicidio. Para reducirlo, para tomar consciencia. Para que haya menos de este espantoso crimen en nuestra sociedad. 
La pregunta es: ¿se logró? 
Lo que se logró es que gente ultracatólica, provida, CitizenGo y de calaña similar pusiera el grito en el cielo y organizara un quilombo destinado a que se retiraran las vallas. El debate sobre el femicidio, que habría sido algo enriquecedor se convirtió en un debate sobre la conveniencia de utilizar o no la palabra malsonante en un espacio público. Y ahí se quedó. 
No sabemos, ni nos consta, que un solo hombre haya desistido de cometer algún crimen contra su pareja, o contra otra mujer, después de haber leído la valla, lo que se supone que era el objetivo final de esta campaña. Lo que sabemos es que la pacata sociedad quiteña empezó a rasgarse las vestiduras como si la tal palabrita nunca atravesara los labios de nadie en nuestra vida cotidiana. Y de ahí no pasó. 
El femicidio quedó relegado por la victimización de la concejala después de recibir los reproches de la gente que se sentía ofendida porque asumía que la palabra "puta" le estaba dedicada (por algo será), y por la solidaridad de quienes consideraron excesivos los reclamos. Y se terminó retirando las vallas. La pregunta es: ¿se reduciría el femicidio en nuestro medio con los breves días que duró la campaña? ¿Se habría logrado reducirlo si las vallas quedaban un tiempo prudencial en su sitio? Posiblemente, no. Porque las cosas no iban hacia allá.
Matar una mujer, matar un hombre, matar a cualquier ser vivo, mamífero superior, está mal. Matar una mujer por el hecho de pensar que así se salvaguarda un orgullo masculino, por el deseo de coartar su libertad o de someterla es un crimen espantoso. Una cruz rosada en un determinado lugar habla de un dolor inconmensurable y de una violencia incalificable. Una mujer es dueña de su cuerpo, de su vida y de sus acciones. Estamos de acuerdo con eso. Y por eso mismo, pensamos que la previsión del femicidio pasa más bien por hacer tomar consciencia a los hombres y a la sociedad de que las mujeres, los hombres, las putas, los travestis, los niños de la calle y todo ser humano tiene derecho a que se respete su vida. Y hacerlo claramente. 
Crear una polémica vacía de sentido por el solo hecho de utilizar una palabra ofensiva no creo que haya sido la mejor manera de prevenir el femicidio. Si bien quien se considera 'puta' tiene todo el derecho de serlo y de hacerlo, la prevención de este terrible delito es cuestión de una estrategia menos exhibicionista y más profunda e inteligente.

martes, 27 de enero de 2015

EN CRUDO Y EN COCINADO


Ahora me ha provocado escribir sobre el impase entre Crudo Ecuador y el presidente Correa porque veo cómo las cosas se salen de madre y cómo los de siempre ya están pescando ballenas a océano revuelto, felices de que (una vez más) se les dé la oportunidad de escupir veneno en todas direcciones. Y, lamentablemente, quien les ofrece esa maravillosa oportunidad no es precisamente Crudo Ecuador, sino Rafael Correa. No es la primera vez que pasa. 
No solamente es Crudo Ecuador quien edita los famosos 'memes' contra el Presidente. Quienes seguimos confiando en que este régimen, con todo y sus falencias, ha sido lo mejor que, en materia de gobiernos, le ha pasado a este país, no siempre nos reímos. Debo decir que, personalmente, a mí me molestó mirar el famoso "meme" del centro comercial en Amsterdam por una sola razón que resumiré en tres palabras y dos signos ortográficos: ¿qué les importa? Y ampliaré: ¿por qué no persiguieron igual, por donde fueran, a Lucio Gutiérrez, a León Febres Cordero, a Fabián Alarcón, a Jamil Mahuad y a otros tantos que de seguro no salían de ningún almacén europeo con una sola fundita ni tenían la dudosa buena suerte de que dos ecuatorianos en el extranjero se quisieran tomar una foto con ellos (seguramente, entre otras cosas, nadie quería)? Todos ellos fueron inconsecuentes con sus discursos de campaña o de ofertas, y no solamente eso. Todos ellos, con la intención que haya sido, se constituyeron en auténticos tsunamis económicos y políticos para este país. Por otro lado, ni siquiera Mujica ha dejado de viajar, y seguro habrá comprado algún suvenir en alguna parte del mundo. Pero él no está en el foco de la atención, mientras se deje seguir utilizando como un señuelo de la derecha mundial para compararlo con los que supuestamente no lo hacen tan bien.
Existe un poco de refranes que aluden a lo que es y significa meterse a cambiar un país hecho de consecutivos desórdenes y conflictos a todo nivel, como es el nuestro: "El que se mete a redentor termina crucificado", "Ningún comedido sale con la bendición de Dios", "Palo porque bogas, palo porque no bogas". Y creo que Rafael Correa debió estar consciente de esto desde el principio. Sabía que iba a tener guerra, y que la guerra iba a ser a todo nivel, incluso en este: el artero y bajo nivel de las provocaciones. Y lo triste es que si no cae, por lo menos resbala. 
Por otro lado, están los argumentos relacionados con la validez del humor en su versión más ácida y sarcástica. Cabe recordar el origen de la palabra sarcasmo: proviene del griego, y su raíz está relacionada con un instrumento que se podría definir como estilete. Sarcasmo, como vocablo, tiene su origen en el hecho de rasgar la piel con un instrumento afilado. Obviamente, para realizar verbalmente esta actividad, hace falta un determinado tipo de aguda inteligencia, pero los sangrientos sucesos de este último enero en París nos hacen ver con claridad que la inteligencia, o al menos ese tipo de inteligencia, no solo no es suficiente, sino que resulta altamente peligrosa. Sin justificar para nada el asesinato de diecisiete personas relacionadas con el tema humorístico, pienso que hechos como el mencionado deberían llevarnos a reflexionar hasta qué punto el humor es disfraz válido para el hostigamiento y el odio. 
Justo en este día ha llegado hasta mí el estremecedor artículo de Arturo Pérez Reverte: "Esas jóvenes hijas de puta" en donde vemos los extremos del hostigamiento, y cabe una frase que me ha dejado perpleja por lo exacta: "Faltaba, claro, el Gólgota de las redes sociales". Porque eso son las redes: un monte Calvario donde se crucifica a diestra y siniestra, sin importar que el ocupante de la cruz sea una muchacha adolescente o un Presidente de la República. 
A estas alturas ya sé que muchos comenzarán a argumentar que Correa también se burla, que Correa también es sarcástico, que Correa también maltrata... porque siempre estamos más conscientes de lo que hacen los otros, y aunque hagan lo mismo que nosotros, lo criticamos en cabeza ajena. Porque si Bonil usa el sarcasmo en contra de Correa es inteligencia, pero si lo usa Correa en contra de Bonil es grosería; si Crudo Ecuador saca un 'meme' tendencioso contra Correa es un chistosito simpático, pero si Correa reacciona es totalitarismo. Si un twitero anticorreísta incita al magnicidio es que está en uso de sus derecho a la libertad de expresión, pero si un twitero correísta amenaza de muerte al anterior es un crimen de odio. Así funciona la opinión pública en nuestro país.
De todas formas, pienso la reacción del Presidente Correa ante los ataques de Crudo Ecuador u otro divertido humorista por el estilo no es la más conveniente. Y no es la más conveniente para él. También a Evo, a Dilma, a Michelle Bachelet y al mismo Mujica les han hecho esos 'memes', y hasta donde se sabe no han reaccionado de igual forma. Porque caer en la provocación es darle demasiado pábulo a la mala crianza. Y perseguir a los hechores de tales nada inocentes chistes es darle demasiada importancia a quien no la merece. Ya lo dijo el gran Freud alguna vez: "Para el odio, el desprecio". Cualquier otra reacción es demasiado.

viernes, 12 de diciembre de 2014

NADIE ES PERFECTO




Antes que nada, debo indicar que sigo confiando, y mucho, en Rafael Correa, y que todavía pienso que, puestos a evaluar, es el mejor gobierno que este país ha tenido en décadas, o tal vez en toda la historia. Sin embargo, como todo en esta vida, existen debilidades, problemas, situaciones que no son precisamente de lo mejor. Por supuesto, no estoy en esa línea que le exige perfección solo a él, nadie sabe por qué, y que vive a la que cae porque en realidad están en guerra.
Yo no estoy en guerra contra él, y sí me importa mi país, y por eso mismo quisiera señalar las que considero las más importantes debilidades de Rafael Correa como Presidente, y que además afectan a su gestión de manera no poco grave, pues aparte de no ser lo más adecuado, le brindan al enemigo argumentos bastante sólidos para seguir molestando con jota.
La primera gran debilidad de Rafael Correa es gramatical, y se puede resumir en una sola frase: un exagerado apego a los adjetivos. En realidad, va un poco más allá: se agarra de cuanta pelea se le pone por delante y desarrolla la situación con un prolífico uso de adjetivos y frases ídem. Olvida ese sabio refrán que afirma contundentemente: "Dos no pelean si uno no quiere". Sabemos que gran parte de la oposición se encuentra en la prensa privada, y sabemos que recurre a todas las tretas posibles para desprestigiar y desestabilizar a través de los medios de comunicación. Esto no es novedad (lo venimos viviendo siete años), sin embargo, humildemente pienso que, en lugar de hablar de "prensa corrupta", "caretucos", "amargados" y otros calificativos, simplemente el Señor Presidente podría batirse con la mera verdad, o sea, presentar la información de la siguiente forma:
1. Tal periódico (o periodista, o canal, o noticiero, o whatever...) ha dicho esto...
2. ... la verdad es esta...
3. ... y las pruebas son estas.
¿Para qué más? Aunque es legítimo y humano indignarse, con un desmentido elegante como ese no hay necesidad de enredarse en esa pelea que lastima los corazones de cristal de conspicuos comunicadores, gente delicada que se ofende hasta por lo que no se le dice (siempre que venga de Correa) y que después es capaz de pasarse décadas respirando por la herida hasta que se le infecte de verdad.
¿Qué habría sucedido, por ejemplo, si en el famoso incidente con un conocido cantautor la caravana presidencial hubiera pasado de largo dejando al artista con la mano alzada? Una de dos: u otra persona asumía que el gesto era contra ella y se armaba una pequeña gresca callejera sin importancia... o, sencillamente, no pasaba pero NADA, con gran decepción del infractor y gran tranquilidad del resto del país. ¡Pero no! ¡Tenían que trenzarse en un incidente que nos tuvo entretenidos durante quince días entre estas y las otras! Y lo peor, que no aportó nada al proceso ni nada a nadie, en últimas, salvo a los cazadores de conflictos y a los cizañosos profesionales de los que está compuesto un alto porcentaje del personal de nuestros medios de comunicación.
La segunda debilidad de Rafael Correa, y según mi modo de ver la más grave, es la imposibilidad de separar su fe religiosa de su gestión como jefe de un Estado Laico. Sobre todo en temas de salud sexual y reproductiva y en temas de género.
Desde mi pasado de niña educada en un colegio de monjas, recuerdo cómo se me adoctrinaba cuando aún no llegaba a los doce años, diciéndome que tenía que influir (léase manipuar) en mis papás para que votaran por listas y partidos de tendencia más bien conservadora porque si no nuestras almas se podían condenar. Desde mi pasado de adolescente en el mismo colegio, recuerdo cómo se nos decía que si el gobierno decidía despenalizar ('legalizar', afirmaban las madrecitas) el aborto, quienes votaban por ese gobierno irían a para en la quinta paila sin posibilidad de redención. Yo no me lo creí. Y no quisiera pensar que mi Presidente, en cambio, sí.
Es muy grave, por ejemplo, el hecho de nombrar directora de un organismo de prevención del embarazo adolescente a una persona que pertenece a una de las más conservadoras sub sectas del catolicismo, una persona que, por otro lado, puede ser muy brillante e inteligente en algunas áreas del hacer humano, pero que en toda la documentación relacionada con su evaluación de la mencionada situación en el país demuestra esa cerrada ignorancia propia del fanatismo. Es inconcebible que el Presidente hable de algo como la "ideología de género", concepto inventado por la iglesia católica para desprestigiar los Estudios de Género, y que desde el punto de vista de las ciencas sociales hace agua por todas partes.
Lo triste de esta circunstancia es que la gente a veces se aferra a sus debilidades pensando que son fortalezas. Sería bueno que el Presidente Correa revisara estas actitudes, sobre todo porque le están haciendo daño a un proceso al que gran parte de la población le apostó con mucha fe y que se ve ensombrecido por la cerrazón y la imprudencia en este par de temas. Sería muy triste que este proceso que mucho tiene de maravilla se viera afectado gravemente no por la cizaña externa, sino por la falta de toma de consciencia de las debilidades internas que pueden carcomer por dentro una de las más grandes esperanzas de cambio para un país pequeño y olvidado como siempre fue el nuestro.

NOTA: Si bien estoy consciente de que este blog no es tan visitado, quiero dejar expresa mi voluntad de que si alguien va a citarme lo haga sin descontextualizar y sin utilizar mis palabras, frases y expresiones aisladamente de lo que se ha expresado en el primer párrafo de este artículo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

QUERÍAN SER MAESTROS


Raro, en este mundo de pragmatismo a ultranza, de interés por la ganancia más que por el servicio, de egocentrismo y falta de ideales. Porque además no querían ser cualquier clase de maestros: querían ser maestros rurales.
Las personas que vivimos en un aula, aunque no sea en el campo ni esté sumida en la miseria, sabemos de lo que se trata cuando se vuelve vocación: sabemos, para empezar, que sin humildad no se puede. En pocos días se nos revela que, en un aula, quien más aprende es quien pretende enseñar. Sabemos, para continuar, que las cifras, los datos, los procedimientos y otros elementos del ramo no son lo fundamental, y mientras las nuevas tecnologías nos quitan el lugar comprendemos que no se trata tanto de impartir conocimientos como de modelar maneras de estar en la vida, y que venimos a quitar seguridades, a derrumbar creencias y cambiar la perspectiva de la mirada que mantiene a la humanidad estática en muchas cosas, aunque parezca que por otras sendas avanza demasiado rápido.
Querían ser maestros. En un país en donde el narco es la medida de todas las cosas, optaron por la profesión menos reconocida, por la peor pagada, por la que quita el sueño y en muchos sitios se instala en el hambre y la preocupación.
Querían ser maestros, y como nos sucede a quienes escogimos esa tarea, en seguida se dieron cuenta de que, en este mundo, pocas cosas están en su lugar. Jóvenes, apasionados, idealistas, decidieron que cambiarían aunque sea la pequeña parcela de realidad que le compete a cada ser humano. No importa hoy si fue correcto o no. A la vuelta de la esquina, los esperaba el horror. Y se dieron de manos a boca con él.  
Hoy no sabemos dónde están, aunque lo sospechamos. Como buenos maestros, su sacrificio cotidiano está abriendo los ojos del mundo ante una realidad que la estulticia y la mojigatería pretendían esconder por los siglos de los siglos. Por buscarlos a ellos, se descubre el espanto de la tierra nutrida por su sangre. Como buenos maestros, hacen ver las cosas como son y nos dan la precisa perspectiva de la textura del mundo perfecto que nos mienten a todos.
Mientras se desentierran los secretos de las fosas alimentadas por un horror más allá de toda comprensión, en silencio y sin aspavientos, desde la tragedia de su desaparición, estos cuarenta y tres muchachos mexicanos hacen lo que todo buen maestro pretende: abrir los ojos del mundo a la realidad. Porque, aunque sea desde el martirio, querían ser maestros, y lo lograron.
Gracias, Maestros.

martes, 26 de agosto de 2014

Y... SIEMPRE QUE LLOVIÓ, PARÓ

(crónicas cortazarianas de la ciudad de Buenos Aires)
para Alicia y Eduardo Dayan
y a la memoria de Julio Cortázar, ya se verá por qué
 
Algo me ha dicho siempre que Buenos Aires y yo, a pesar de no habernos conocido sino hasta la semana pasada, tenemos un lazo mucho más fuerte de lo que se podría imaginar.  Y no es un lazo por fotos, datos o enciclopedias, no. Es un lazo musical y literario y, por supuesto, muy sentimental. Un lazo que comenzó a anudarse en el viejo patio de la casa del quiteñísimo barrio de San Juan donde jugaba al bus con mi abuelito Lucho mientras viejos tangos que habían estado de moda veinte años atrás resonaban aún en las radios cuando las muchachas del servicio lavaban la ropa en las antiguas piedras del patio. Y de entre esos tangos, sobre todo uno que hablaba, como todos tal vez, de un pasado de pobreza e inocencia comido por una dudosa prosperidad económica aunada a una pérdida de todo lo demás: “Percal”, en la voz de Alberto Podestá (esto lo supe como un tercio de siglo más tarde). Percaaaaal… ¿te acuerdas del percaaaaal? Tenías quince abriles, anhelos de sufrir y amar, de ir al centro a triunfar y olvidar el percal…
Después, mucho después, las calles de Buenos Aires se las arreglaron para invadir mi mente, mi imaginación y mi corazón a partir de las palabras indescriptibles de Borges y de Cortázar, con sorprendentes situaciones mágicas que yo siempre atribuí a la genialidad de estos escritores más que cualquier otra cosa. Pero no. La ciudad que me atrajo como un imán durante la última Semana Santa me corroboró una vez más que nada es casual y que todo tiene una razón y un motivo. Ah, y como dijo un guapísimo mozo de restaurante mientras intentábamos acomodar nuestra parrillada bajo un aguacero, que “siempre que llovió, paró”, por más “si así llueve, que no escampe” que nos empeñemos en repetir. Aquí comparto algunos de los fragmentos de mi primera (y espero que jamás única) visita a la mágica ciudad de Buenos Aires.
LAS PUERTAS DEL CIELO
Sucedió en la Confitería Ideal, a cuyo segundo piso subimos para mirar una clase de tango. La noche transcurría entre alumnos principiantes de varias nacionalidades y profesores guapos y hábiles que hacían lo suyo. Los meseros todavía no llegaban, y Pauli, Martalú y yo teníamos la impresión de ser invisibles en aquel mundo diverso y cotidiano a un tiempo.
Más tarde, algún mesero recién llegado se percató de nuestra presencia y nos preguntó si queríamos ver el menú. Nos lo trajo. Lo revisamos y tomamos decisiones. Solo que el mesero había sido tragado por la puerta de la cocina y ya no regresó. Es más, daba la impresión de no haber existido nunca. Otros meseros salieron y repartieron órdenes y pedidos entre las pocas mesas ocupadas. Siempre que tratamos de llamar la atención de alguno, sus miradas pasaban de nosotras como si fuésemos transparentes.
Finalmente, preguntándonos si aquel mesero que nos hizo literalmente “ver el menú” de verdad había existido, nos fuimos, entre la diversión y el desconcierto, a comer una verídica pizza en “Il Gatto”.



CONTINUIDAD DE LAS CALLES
Los nombres vinieron envueltos en melodía de tango, letras de poesía inmarcesible, el nombre de mi país cobijando un hospital en un relato de Borges, lugares que se me hicieron familiares a fuerza de leerlos y releerlos en los amados cuentos de Cortázar, escenas que no traicionaron mi fantasía cuando me encontré de manos a boca con ellas intentando encontrar al loco de la balada en Arenales, bailar un melancólico vals de desamor entre Florida y Corrientes, viviendo los retazos de alguna turbia historia en la calle Juncal, y buscando los restos de conejitos de pascua desparramados por la calle Suipacha.
NO SE CULPE A NADIE
El deseo casi obligatorio de ver un impecable show de tango a precio módico se nos hizo realidad en el Centro Cultural Borges (Borges, además), ubicado en una de esas galerías-centro comercial de Florida que te llevan de golpe y porrazo a revivir escenas de “El otro cielo”. Y fue precisamente allí donde un micrófono díscolo decidió atacar a su cantante.
No lo hizo durante un tango, sino en un valsecito de esos que atacan directo a las cavidades izquierdas del corazón. Mientras el cantor (por otro lado, magnífico) no lo tocara, las cosas iban bien, solo que no amplificaba el sonido adecuadamente. Entonces, en un intento de mejorar la situación, con mucho disimulo, el intérprete apretaba con dos dedos la base del micrófono y ocurría lo impensable: el micrófono emitía una mezcla de tos y aullido que ponía los pelos de punta a toda la concurrencia, no se diga al cantante, quien por último tuvo que prescindir de él por el resto de la canción.
No llegó a mayores. El cantante decidió dejar de pellizcar el micrófono. El micrófono se tranquilizó, y todos pudimos seguir disfrutando de la maravilla de la música porteña.
EL HUMOR PORTEÑO
Me di un beso con Mafalda, qué más. Cómo olvidar frases como “Justo a mí tenía que tocarme ser como yo”, o “… el acabóse del empezóse de ustedes…”
Pero al caminar por Buenos Aires sentí que el humor de la gente porteña, esa ironía para inteligentes que parecía ser privativa de Quino, está por todas partes. Campea por los parques y las plazas, revolotea en el aire, en los Buenos Aires, mientras tomamos una foto de la impresionante arquitectura de la ciudad y un par de parroquianos se ponen a posar a nuestras espaldas, entonces les tomo una foto a ellos, y mandan, con impecable acento:
-Un saludo a todas las chicas.
O el hombre cuyo paso entorpecíamos al quedarnos mirando casi, casi boquiabiertas alguno de los edificios y nos apuró con un amable pero perentorio:
-¡Moverse, chicas, que pesa!
LA CASA TOMADA
Motivos logísticos y turísticos hicieron que resultara casi imposible encontrar un alojamiento promedio para mis últimas dos noches en Buenos Aires. Eran los días finales de Semana Santa  y medio Brasil había decidido venir a pasar su feriado en Argentina.
Al fin, gracias a los buenos oficios de mi amigo Eduardo, quién, aparte de ser “el dueño de Buenos Aires” (comentario de la Pauli) decidió fungir de mi ángel protector, encontramos sitio en un hotelito de pasajeros situado en las inmediaciones del hospital Italiano.
La primera noche, después de recoger la llave de la pieza, llegué pasadas las diez y media. Aunque las luces de la recepción se encontraban encendidas, no había una sola presencia humana en el lugar. Al entrar en la habitación constaté, con algo parecido al horror, que la puerta del baño se me había quedado cerrada y que no tenía una llave para abrirla desde fuera. Decidí apañármelas como mejor pudiera, y creo que lo hice. De vez en cuando, se escuchaba el ruido de una llave en la reja y la puerta cancel de vidrio, entonces yo salía casi corriendo a ver si había alguien que me ayudara, pero solo me acompañaban el silencio y la soledad bajo la luz encendida de la recepción. Por el piso alto campeaban voces bajas, crípticas conversaciones que no se podían descifrar desde mi sitio.
Estaba a punto de entrar en pánico, cuando de repente todo se me hizo claro: cómo podía yo tener una estancia en Buenos Aires sin que de alguna manera se me manifestara el espíritu de ese duende travieso, primero en el panteón de mis dioses, que fue, es y será el gran Julio Cortázar, que tal vez era quien me regalaba ese minuto de pavor y maravilla como ya lo había hecho tantas veces en el tiempo en que sus libros alimentaron de lleno mi fantasía.
CARTAS DE MAMÁ
Mi madre murió hace dos meses, con esa cruel enfermedad que ahora se conoce como el mal de Alzheimer. A pesar de lo esperado del final, su ausencia todavía es un dolor indeleble en el espíritu.
Uno de esos días, en la sección de discos compactos de una de las librerías El Ateneo, perdí el tino: ahí estaba toda la música del mundo, sobre todo toda la música argentina del mundo, y lo único que me frenó fue mi siempre precaria economía.
En uno de los discos de Jairo que compré, conociendo apenas los títulos de las canciones, ya en Quito, me sorprendió sin haberlo buscado este bello poema de Rafael Amor:
Han pasado muchos años pero sigue en mí,
Y le he empezado a comprender
Esas fugas suyas donde no reconocí
La mordaza de querer.
Madre mía, sangre mía, de su amor mamé
Y hasta me sorprendo pareciéndome.

Mi silencio y su silencio van buscándose,
Ser silencioso no es callar,
Con los años uno aprende a saber decir
Toda el alma sin hablar.
Tallo arriba va la vida creciendo feliz
Mientras uno va volviéndose raíz.
Otro regalo de Buenos Aires. Y me pregunto: ¿se puede pedir más?
Lucrecia Maldonado
Quito, abril de 2011

martes, 29 de abril de 2014

VI UN BEATLE DE VERDAD


Es típico que cualquier cosa de la vida termina volviéndose hacia la infancia. A la vieja casa del barrio de San Roque donde la música no paraba nunca. Donde aprendí, al menos en el aspecto musical, a tener un gusto que me ha costado más de un rechazo, pero no importa. Ahí, entre otras cosas, sonaban The Beatles. Y era lindo. Y los niños veíamos Plaza Sésamo y los títeres cantaban Help, All together now y enseñaban a contar con los números del Submarino Amarillo. Y mi tía tenía el álbum Abbey Road entre sus discos favoritos. 
Así va creciendo una, lo poco que puede. Y la vida de la gente del siglo XX es diferente a la de los siglos anteriores porque tiene banda sonora. Y la banda sonora de la vida de cada uno se vuelve entrañable. Porque los deberes del colegio se hacían al lado de un pequeño radio de pilas en donde desde la desaparecida Radio Musical las voces del cuarteto de Liverpool acompañaban las ecuaciones y los análisis literarios y los cuestionarios de las Ciencias Sociales así, como acompañan los buenos amigos, sin hacer mucho más que eso, solamente estando. 
Porque en el precario inglés que además nos negamos a aprender en los tres últimos años de la secundaria se dicen esas cosas que hemos sentido, que hemos vivido, que sabemos cómo iluminan o cómo pueden llegar a doler, desde muy temprano ya. 
La tía envejece. La casa se deja. Gente va, gente viene. Solo la música queda, como un aroma que permea la memoria. Y ahí están The Beatles, aunque ya no sigan juntos, lo cual poco importa para el efecto de seguirlos escuchando. Un día del primer año de universidad, cae el primero, abatido por las balas de un fanático demencial del signo que sea, poco importa eso. Desconcierto: son mortales. Diríamos, en quiteño: han sabido ser mortales. 
Años después, cae otro. Esta vez es el cáncer. Mortales. Y sin embargo, inmortales como sus canciones, como su presencia en el pequeño radio de pilas ahora reemplazado por el toca discos, el toca casetes o lo que sea que venga. Pero ellos se mueren. Y a este país nunca viene (venía) nadie. Ya se sabe: paisito tercermundista, cuya capital roba el oxígeno de los visitantes y que en realidad hay gente que ni siquiera sabe que existe. 
Por eso, cuando uno de los dos que quedan decide venir es algo así como "el sueño del pibe", que dirían en Argentina. 
Y un día feliz para esta ciudad Paul McCartney aterriza en Quito. 
Y es más mirarlo ahí, dueño del escenario, entre el humor y la nostalgia, entre la dicha y esa punzante conciencia de que todo lo bueno siempre dura menos de lo que quisiéramos. Inagotable. Bello. No importa si los altos nos tapan. Nos vamos hacia atrás. Y dice "A Long and Winding Road" como un derechazo directo al nudo de la garganta. Y dice "Blackbird" y no lo podemos creer. Y dice "Here today" (para su hermano John) y nos manda de un plumazo a algún paraíso cercano. Y dice cosas en castellano. Y se ha dado el trabajo de aprender palabritas ecuatorianas como "Achachay", "chévere"  y "Una canción de yapa..." Y dice "Something" (como un guiño a su 'compadre' George) y saca el aire. Y dice "Hey Jude" y enloquecemos. Y sale al escenario. Y no se hace de rogar. Nada. Y bailamos. Y cantamos. Y somos felices con esa felicidad que solo las navidades en la infancia remota eran capaces de provocar tan limpiamente. Y flamea las banderas de su país y el nuestro en un gesto que convierte los recuerdos de la Tatcher en una pesadilla ya olvidada. Y dice "Yesterday" y todas nuestras penas de amor regresan vestidas de ángeles de la guarda, porque eso es la música, porque eso es, eso siempre fue su música: el ángel de la guarda del corazón, aunque no la podamos comprender muy bien.
Alguna vez, en una entrevista muy bella, otro de esos genios que gracias a la vida existieron, Julio Cortázar, dijo que sus dioses estaban en la tierra. Él, que era otro de esos dioses, lo sabía muy bien. Y así es. Aterrizan en Quito cuando menos se espera. Tienen más de setenta años y brincotean como adolescentes en un escenario a 2800 metros de altura. No se cansan nunca. Regalan con su música y sus palabras de nuestro propio léxico un amor más allá de película romántica. Y si son mortales... casi no se nota.

lunes, 14 de abril de 2014

LA PIEL DE LA OVEJA

Me cuentan que el elegido Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, está recurriendo a personajes de la Centro Izquierda socialdemócrata e incluso al mismo exalcalde Paco Moncayo para armar su equipo de trabajo en el período siguiente. 
También se filtra en la información que el exalcalde Moncayo está entusiasmadísimo con las propuestas y planes de Rodas. Sorprende, pues en las últimas elecciones estuvo como candidato por Ruptura 25, un movimiento que se promociona más bien como izquierdista, y según todos los medios de comunicación que cubrieron con mucho entusiasmo el triunfo de Rodas sabemos que "La derecha ganó la Alcaldía de Quito".
Pero ahora resulta que Rodas no ha sido tan de derecha. Esa es la idea que está vendiendo, al menos en ciertos ámbitos. Está interesadísimo, por ejemplo, en los temas que constituyen, a mi juicio, el talón de Aquiles de este gobierno: el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto. También pretende coquetear con ciertos movimientos animalistas, lo cual resultaría bastante cínico si nos podemos a ver la ambigüedad de su posición ante la abolición de las corridas de toros en el cantón Quito. 
En política, lo sabemos, no hay amistades, sino intereses. Y por otro lado, nada es inocente: es el reino del cálculo, y la traición está a la orden del día. Si bien Rodas jamás mostró su postura ante temas ligados a la liberalización de una ética de comportamiento antes ligada a los valores católicos y tradicionales, ahora quiere pescar, en su política social, a río revuelto: ganar la simpatía de quienes se han decepcionado por la postura ultraconservadora del gobierno actual, y particularmente del presidente Correa ante los temas mencionados. Muy pronto (si no lo ha hecho ya) se pondrá a apoyar a los Yasunidos y a gente por el estilo (aunque bien sabemos cuánto le puede durar), apelando a los nobles sentimientos de la gente, al ecologismo, a la equidad... y tejiendo de esta manera un disfraz de oveja bastante convincente en su camino para convertirse en un candidato que le 'haga calor' a quien presente Alianza País para las próximas elecciones presidenciales.
Hay que ser demasiado inocente para no advertir el disfraz de oveja. Sin embargo, la decepción de algunos grupos es tan grande que  están decididos a hacerse eco del odio de los otros para conseguir lo que el régimen actual les ha negado o de alguna manera ha pospuesto en su particular agenda. Está visto que Rodas coqueteará con todos los estamentos de la sociedad quiteña para conseguir visibilizarse como un adecuado presidenciable, pero basta recordar la experiencia con Yamil Mahuad para ponerse alerta con la factura que nos puede venir en el futuro a mediano plazo. 
De igual manera, no está mal recordar el tiempo en que Lucio Gutiérrez hacía campaña rodeándose de indígenas y haciendo proclamas que hasta a la izquierda le parecían revolucionarias, ofreciendo el oro y el moro al que es y al que no es. Muchos le creímos, y así nos fue.
Tal vez ahora es el momento conveniente para que el Presidente Correa y su equipo echen una mirada a su caduca posición (confesional, además, dentro de un estado laico) ante los temas de moral personal como son el aborto y el matrimonio igualitario. Con las actuales tecnologías de realidad virtual, las pieles de oveja progresista pueden ser bastante convincentes; y cuando el lobo decida dar el mordisco definitivo, es posible que ya sea tarde para tomar medidas.