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En el medio derechista Primicias, Gonzalo Ortiz Crespo escribe un sentido artículo titulado “Es por la dignidad, que se lo pido, señor presidente”. Más allá de esa coma que sobra en el título, el artículo es un justo reclamo a la retención por parte del Ministerio de Economía del gobierno neoliberal de Daniel Noboa Azín del pago de la pensión vitalicia que se ha asignado a quienes obtuvieron el premio nacional “Eugenio Espejo”, tanto si son personas individuales como si son instituciones.
Como se dijo más arriba, el reclamo no puede ser más justo, pues, aparentemente, el atraso en dichos pagos alcanza, en algunos casos, hasta doce meses, amparándose además en la exigencia de requisitos absurdos como de notarizar pruebas de vida. Algunos de los galardonados con el premio, generalmente personas adultas mayores, ya lo han incluido en su presupuesto como una entrada fija que les ayuda, por ejemplo, en sus gastos de salud, y como afirma Ortiz, al momento están viviendo ‘de fiado’, lo cual resulta altamente humillante y triste para quienes entregaron su aporte en arte, investigación y trabajo intelectual durante toda su vida, por el engrandecimiento del Ecuador. De igual manera, instituciones como la Academia Ecuatoriana de la Lengua habían tomado en cuenta estas asignaciones periódicas como base para la realización de eventos o para el mantenimiento de sus locales y equipos, así como para seguir contribuyendo al desarrollo cultural de la comunidad. Entonces el reclamo de Gonzalo Ortiz resulta muy pertinente en estos momentos en que el abandono estatal comienza a permear todas las instituciones y todas las áreas de la vida del país.
Sin embargo, es imposible impedir que vengan a la mente recuerdos de hace algunos años, pues no todas, pero sí algunas de estas personalidades e instituciones, incluido su mismo vocero ad hoc en el artículo, Gonzalo Ortiz, se erigieron no solo en entes afines, sino en defensores del sistema neoliberal ahora imperante, por oposición a la tendencia progresista que lo precedió hace ya casi una década, con la cual se manifestaron no solamente críticos, sino a veces francamente hostiles. Traicionando quizá su calidad de intelectuales, investigadores y gente que se guía por la razón más que por las bajas pasiones, se adhirieron al discurso de odio que denunciaba corrupciones sin pruebas con absurdos justificativos que torturaban la lógica, utilizaron calificativos como ‘el inmundo correísmo’, por citar solo uno, y se convirtieron en las puntas de lanza de ciertas ‘élites’ conservadoras amparadas en un discurso displicente y cargado de inquina gratuita.
Y es triste que, en el momento en que el odio se volvió un requisito sine qua non para formar parte de ciertas élites de cualquier tipo, tanto el articulista como algunos de sus defendidos hayan olvidado que el pago vitalicio para los ganadores del Premio Nacional Eugenio Espejo fue restituido y consolidado mediante el Decreto Ejecutivo 812, emitido por el presidente Rafael Correa el 26 de octubre de 2015, restableciendo la pensión mensual de 5 salarios básicos unificados. Así como es más triste aún que cuando se creó el Ministerio de Cultura, o cuando se favoreció la educación pública y la fundación y desarrollo de universidades especializadas en arte, ciencias de la vida y tecnologías no se hayan atrevido a resaltarlo, quizá porque su sentido de pertenencia a cierta clase social o su fidelidad a determinados grupos de poder los frenaban en seco.
En este momento, y ante una situación que amenaza con tornarse desesperada y desesperante, Ortiz señala, justamente, que es una cuestión de tratar a los artistas, investigadores, intelectuales e instituciones afines de acuerdo con la dignidad que su arduo trabajo les ha otorgado. Y así es. Sería absurdo estar en desacuerdo o criticar esa afirmación. Pero esa misma honestidad intelectual, y esa misma dignidad del trabajo por el arte, la ciencia y la cultura, debería conducir a aquellas personas a reconocer, si no a agradecer, aunque no sean afines políticamente, a quien sí trabajó por premiar su esfuerzo y a quien le deben, de alguna forma, la asignación de la pensión y otros beneficios que les niega quien algunos de ellos apoyaron, aunque haya sido por omisión, tal vez olvidando, en un momento de obnubilación, que mal paga el Diablo a quienes bien le sirven.
NOTA FINAL: Es necesario aclarar que al día de hoy, 23 de marzo de 2026, aparentemente ya se han cancelado estos haberes, en algunos casos hasta con un año de atraso, eso sí.
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