viernes, 4 de mayo de 2018

LA SOMBRA DE CORREA


Fue el gran psiquiatra suizo Carl Gustav Jung quien puso sobre el tapete el concepto de sombra. ¿Qué es la sombra? Es todo aquello que por educación, por tradición o por cultura aprendimos a rechazar. No necesariamente es lo malo, pero puede serlo si se convierte en destructivo. Y mientras más la rechazamos, la sombra se vuelve más destructiva y letal. Por eso conviene conocerla, integrarla y aceptarla como parte de ese complejo conglomerado de elementos que somos los seres humanos, las culturas y la sociedad en general 

Con la sombra suele suceder algo peculiar. Como nos asusta y nos conturba, generalmente no la reconocemos en nosotros, pero, y siguiendo un axioma del mismo Jung: "lo que no sale a la consciencia se convierte en destino", entonces la vida nos la coloca por delante cada vez que se ofrece, en personas allegadas a nosotros, en parejas, compañeros de trabajo o adversarios de cualquier tipo, en seres famosos por uno y otro motivo, o en personajes de la religión, de la historia o de la política. Entonces es cuando la vemos y la proyectamos en forma de rechazo, muchas veces virulento debido a que aceptar que lo mismo está en nosotros nos aterraría. Convertimos a esas pantallas de proyección de nuestra sombra en lo que se conoce como "chivos expiatorios" y, salvo que tengamos un elevado nivel de consciencia, ni siquiera nos damos cuenta, pues nos tranquiliza porque nos sirve para asegurarnos de que nosotros no somos "como ellos", somos los buenos, mientras los otros no solo son los malos, sino los pésimos.

Por ejemplo, hace unos días el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, ante la evidencia de algunas irregularidades que parecen irse descubriendo en su gestión, reaccionó airadamente diciendo que el 'correísmo' le persigue y que, para variar, es culpa de Correa. ¿El correísmo? ¿Correa? ¿No se habrá dado cuenta el burgomaestre de que desde hace casi un año Rafael Correa ya no es Presidente del Ecuador? ¿No habrá visto que en los últimos meses, y cada vez más, el 'correísmo' al que él alude anda de capa caída y ya no acumula glorias sino persecuciones varias? Pero él sigue alimentando a su rebaño de chivos expiatorios que, además, sirven para cualquier cosa. 

Pero no es solamente él. Los medios de comunicación siempre se quejaron de que durante el gobierno de Rafael Correa no tuvieron 'libertad de expresión'. Lo dijeron de todas las formas, por todos los canales, en todos los tonos y cada vez que quisieron. Utilizaron todos los términos descalificadores habidos y por haber, aparte de que, al menos en ciertos medios comerciales jamás se escuchó una sola voz en contra de sus quejas y hay denuncias ciertas de que se negaron a sacar llamadas al aire, en el caso de ciertas emisoras de radio, por no ir muy lejos. Sin embargo, siempre se victimizaron: el que los atacaba era Correa. El que decía groserías contra ellos, igual: Correa. El que no les dejaba hablar, Correa también, abusando de su autoridad. La simple observación desapasionada de los hechos bastaría como una evidencia de la inexactitud de tales aseveraciones, sin embargo, y como dice un conocido dicho: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Lo que hacía Rafael Correa era desmentir aquellas tramas que se urdían entre gallos y media noche quién sabe dónde y entre quienes para desprestigiarlo durante veinticuatro horas los siete días de la semana. Pero desmentir debería ser un derecho, no una acción innoble, ni mucho menos algo más reprochable que mentir o sembrar cizaña.

Por otro lado, en este país donde pululan los femicidios y el maltrato y la discriminación de género, las mujeres vieron un machismo exacerbado en el hecho de haber llamado "gordita horrorosa" a una periodista, haciendo uso más que de epítetos ofensivos, de una forma de hablar coloquial en la ciudad de Guayaquil, en donde el calificativo "horroroso" se acerca más al significado de "travieso" que a una intención ofensiva. Es curioso que muchas de esas mismas mujeres que pusieron el grito en el cielo en aquel tiempo ahora se hagan de la vista gorda cuando un verdadero machista de peso (entre otras virtudes que le adornan) como es Abdalá Bucaram llama abiertamente "perras" y "putas" a las mujeres que intervienen en la política, y no califican a este discurso ni siquiera de "machismo", sino que lo ven como "parte del debate político". Pero tal vez nos estemos desviando del tema...

Otra frecuente acusación contra el presidente Correa fue la de autoritario. ¿Por qué? Veamos: si bien se dieron episodios que tal vez resulten cuestionables desde algunos puntos de vista, en el gobierno de Rafael Correa no hubo, por ejemplo, comprobadas desapariciones forzosas de personas, como si sucedió en el gobierno de León Febres Cordero (en donde se contabiliza más de un centenar de casos) e incluso en otros menos déspotas. Tampoco hubo comprobados asesinatos de opositores (y digo comprobados porque los que ha habido, numéricamente muy inferiores, además, a los del citado gobierno anterior, no se ha demostrado que hayan sido delitos de estado). Ni tortura. Pero ahí se ha visto al alcalde de Guayaquil (que presenciaba en vivo las sesiones de tortura organizadas por su mentor) criticando el autoritarismo y la prepotencia, y al mismo actual presidente que cada vez que abre la boca irrespeta a algo o a alguien diciendo, muy orondamente, que "ya se acabaron las faltas de respeto" (por cierto, poco tiempo antes de insinuar que los enfermos de cáncer lo son por 'idiotas', y que los médicos oncólogos se alegran de que la gente tenga cáncer porque así pueden cambiar de carro).

Aunque la corrupción ha campeado por el Ecuador desde los años de Juan José Flores, e incluso antes, también esta característica se ha atribuido solamente al gobierno de Correa y sus funcionarios. Y las acusaciones de haber mantenido contactos espurios con las FARC (que, a propósito, ahora es tan solo un partido político y ya ha salido de la clandestinidad) también reflejan la tendencia a la asociación ilícita de todos quienes solamente pueden mirar ese tipo de cosas.

Hubo una obra pública gigantesca durante todo este tiempo. El presidente Correa es un hombre capaz de trabajar durante jornadas maratónicas. Sagaz. Inteligente. Ejecutivo. Organizado. Buen orador. Generoso con los necesitados. Amable y cálido con la gente del pueblo. Solidario y alegre cuando es del caso. Muchas de estas características jamás fueron detectadas por sus detractores, aunque sí las  pudieron observar "los sencillos y los humildes", como diría el Evangelio.

Las élites, los dueños, presentadores y reporteros de los grandes medios, los opositores políticos y el traidor régimen que hoy ocupa la silla de Carondelet solamente pueden ver, y exageradamente, lo otro. ¿Por qué? Porque, como ya lo dijo Jung, tratándose de proyecciones de sombra solamente hace falta una pantalla en donde se pueda proyectar. Y, en resumidas cuentas, es casi 100% seguro que los detractores de Rafael Correa, con tanto blablá y tanta descalificación, no estén viendo en él más que el reflejo de su propia sombra, maximizada, además, como en un espejo de aumento que solamente recoge el material de sus peroes insomnios y fantasmas. Y la pesadilla de parecerse a él demasiado en sus defectos, y nunca poder lograrlo en relación con sus cualidades.

Y quién insista en defender esos defectos y seguírselos achacando a Rafael Correa, tal vez deba tener una sesión terapéutica a solas con los propios demonios de su sombra. Porque, como dice el sabio vulgo: "lo que Juan dice de Pedro... dice más de Juan, que de Pedro", o lo que es lo mismo: "Lo que... (Michelena, Moreno, Trujillo, etc.) dicen de Rafael... dice más de (Michelena, Moreno, Trujillo, etc.) que de Rafael".

4 comentarios:

Juan Carlos Urgilés M. dijo...

Ni mas ni menos

Ema Cristina Ross Caicedo dijo...

Asi mismo es, pero lo malo es que a este paso borraran lo bueno que hizo... La historia será contada tal como no fue, asi como a Garcia Moreno lo pintaron de tirano cuando fue el unico en la historia que se paró duro contra la corrupción y los periodistas aplaudieron su asesinato, al punto que uno de ellos es un ilustre Juan de Ambato...

Lucre dijo...

García Moreno sí fue un tirano, porque además era un fanático religioso. Ahora, también es sabido que ciertos periodistas, voceros y puntales de un sistema perverso, son capaces de aplaudir cualquier atrocidad.

Carlos Santos-Tejada dijo...

Yo diria que es axiomatico. Al expresidente, tal como ya se lo ha dicho, se le recordara mas por sus excesos verbales que por sus obras publicas (igual que con Garcia Moreno). La diferencia esta en que RC es aun joven y aun podria revertir su situacion: nuestra sociedad es caudillista mas que democratica. Si tan solo RC pudiese darse un bano de humildad, su futuro podria ser brillante y su paso por la historia mas fructifero.