domingo, 26 de junio de 2011

LA DELINCUENCIA (II): PARA TEMAS COMPLEJOS NO HAY RESPUESTAS SIMPLES


En el mundo, en el universo en que vivimos, todo está interrelacionado. Y en realidad pocas veces nos damos cuenta, o pocas veces nos queremos dar cuenta. Nos encanta pensar que las sociedades que habitamos producen próceres, científicos, artistas, filántropos y santos. Olvidamos que esas mismas sociedades producen ladrones, asesinos, violadores, delincuentes, estafadores, y lo que es peor: fanáticos, fundamentalistas y tiranos. Queremos, a toda costa, conservar la idea de que pertenecemos al bando de "los buenos". No tenemos nada qué ver con "los malos". Por eso, cuando un hecho de sangre, un robo, un asesinato ocurren alzamos indignados nuestras voces y pedimos cabezas y otras partes del cuerpo con un entusiasmo digno de mejor causa. 
Y sin embargo, el instinto de muerte siempre estará presente en el ser humano. De hecho, es la especie más agresiva y asesina sobre la tierra. A alguien que mata una persona se le dan veinticinco años de cárcel o se la condena a muerte. A alguien que asesina miles o millones en una guerra, se le condecora con una medalla. Entonces, ¿de qué nos quejamos? 
Al conversar sobre este tema, el criminólogo Santiago Argüello dijo una frase muy sabia: "para asuntos complejos no hay respuestas simples". Y la delincuencia es un tema extremadamente complejo. Santiago Argüello comenta al respecto: "Vengo rogando desde hace años una política criminológica que incluya planes, estrategias y hasta mecanismos de prevención para nuestros hijos. Hay que taparse las orejas para no oírles a los que creen que esta vaina es facilísima. Son generalmente políticos que no entienden nada y están comprando nuestro voto con argumentos peregrinos..."
La desigualdad económica y social es uno de los factores que desencadenan la delincuencia, pero no el único. La crisis familiar, los problemas psicológicos de ciertas personas, las situaciones relacionales también se hacen presentes en el abanico de posibilidades. Y más: en toda familia aparentemente 'funcional', en toda sociedad perfecta se guardan esqueletos en los armarios. Y no se diga nada respecto de ese hecho de sangre tan frecuente en nuestro país: el crimen pasional, tantas veces además seguido de un suicidio. Las ideas de 'posesión' que unas personas tienen sobre otras. La justicia comunitaria ejercida 'por la propia mano' en tantos ámbitos de nuestro país, tal vez por gente desencantada del manejo judicial, es cierto, pero también ejercida por gente que valora muy poco la vida en general y la vida humana en particular. Porque ¿qué valor tiene en realidad la vida en un medio que pide a gritos la pena de muerte para los transgresores? 
Dicen que Manuel Calisto era un hombre de esos que, en ciertas ocasiones, como todos, sienten curiosidad y fascinación por la muerte. Dicen también que era alguien que amaba la pintura, la música académica, y por supuesto la actuación, aparte del compartir con los amigos... Seguro que, más que la nuestra, su alma ya ha encontrado la paz y las respuestas que solamente se hallan al otro lado del camino de la vida. 
Mientras tanto, algunos buitres mediáticos ya están sobrevolando la tragedia de su asesinato para aprovechar las circunstancias sobre todo con los 'sacrosantos' fines de sembrar cizaña sin que haya respeto que valga por  el dolor de quienes lo amaban. 
Y sin embargo, siempre que uno de estos acontecimientos nos estremece, deberíamos, más allá de todos los sesudos argumentos que pueblan nuestras indignadas conversaciones, revisar si han germinado en el nuestro, y cuánto, las semillas de muerte que anidan en el corazón de cada ser humano.

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